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Por historia, por derecho, por convicción: Por qué las Malvinas pertenecen a la Argentina

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Hace apenas unas semanas, la Cuestión de las Islas Malvinas volvió a ocupar un lugar central en la agenda internacional.

La Organización de Estados Americanos (OEA), el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas (C24) y los Estados Partes y Estados Asociados del Mercosur reiteraron su llamado a Argentina y el Reino Unido a retomar negociaciones para resolver la disputa de soberanía por medios pacíficos.

Este apoyo renovado ofrece una oportunidad para reflexionar sobre una causa que da forma a nuestra historia, define nuestro presente y habla del futuro de nuestra Nación.

Cada nuevo pronunciamiento confirma que la Cuestión de las Islas Malvinas sigue irresuelta y muy viva. También nos invita a preguntarnos qué significa realmente Malvinas para la Argentina. La respuesta, naturalmente, va mucho más allá de cualquier conmemoración.

El 2 de abril y el 10 de junio marcan momentos decisivos en nuestra memoria nacional. Sin embargo, la responsabilidad de salvaguardar nuestros derechos soberanos trasciende cualquier aniversario.

Por historia, por derecho, por convicción: Por qué las Malvinas pertenecen a la Argentina
Malevolencia en las Malvinas (crédito: HERNAN DOBRY)

Malvinas es una causa que exige nuestro compromiso todos los días. Y es esa convicción la que inspira cada paso de nuestra política exterior.

Los recientes pronunciamientos en la OEA y la ONU son de enorme importancia política y diplomática.

En esos foros se reafirmó una vez más claramente que existe una disputa de soberanía entre la República Argentina y el Reino Unido sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes.

También que esta disputa debe resolverse mediante negociaciones bilaterales, por medios pacíficos y de conformidad con el derecho internacional.

Las resoluciones, por sí solas, no resuelven la disputa. Su valor radica en que mantienen viva la obligación de negociar, tal como lo establece la ONU, y hacen cada vez más evidente la decisión del Reino Unido de seguir desconociendo ese mandato.

Mantener esta posición requiere un esfuerzo sostenido. Todo consenso alcanzado exige una diplomacia activa, persistente y técnicamente sólida. Requiere trabajo. Hay que construirlo. Hay que defenderlo.

Desde la Cancillería argentina avanzamos nuestra posición nacional en cada foro multilateral, dialogamos con gobiernos de todas las regiones, explicamos el fundamento jurídico de nuestro reclamo, presentamos nuestros argumentos sobre la inaplicabilidad del principio de autodeterminación a este caso y fortalecemos una red de posiciones compartidas que mantiene viva una verdad esencial.

Malvinas no es una causa solitaria. La historia, el derecho y la comunidad de naciones convergen para defender la legitimidad de nuestro reclamo.

una causa justa

Malvinas toca una fibra sensible de nuestra nación porque trasciende cualquier lectura meramente cartográfica. Encarna nuestra integridad territorial, nuestra proyección oceánica, nuestra identidad bicontinental, nuestra riqueza y nuestra proyección hacia el Atlántico Sur.

Argentina no puede concebirse sin estas dimensiones. El Atlántico Sur constituye la profundidad estratégica de nuestra nación. Es ahí donde se unen la Patagonia, el mar, la Antártida, nuestra plataforma continental y una parte decisiva de nuestro futuro.

A partir de esa convicción, el presidente argentino Javier Milei ha reafirmado el carácter legítimo e irrenunciable de nuestro reclamo.

Guiado por ese mandato, es un honor para mí, como Ministro de Relaciones Exteriores, asumir el compromiso de defender esta causa con firmeza y perseverancia.

Este no es simplemente otro tema más en la agenda de política exterior. Es una responsabilidad institucional que nos vincula a la Constitución Nacional, a nuestra historia y a todo argentino que entienda que la soberanía se defiende con la acción.

Esa responsabilidad también requiere que demostremos, una y otra vez, por qué el derecho internacional respalda la posición de Argentina.

Nuestro reclamo se basa en fundamentos históricos y legales que Argentina ha sostenido continuamente desde su independencia.

Como sucesora de los derechos de España, de acuerdo con el principio de sucesión de Estados, Argentina ejerció autoridad efectiva sobre las islas, tomó posesión formal de ellas en 1820 y creó la Comandancia Política y Militar en 1829.

En 1833, el Reino Unido ocupó las islas mediante un acto de fuerza que nuestro país nunca consintió, violó la integridad territorial de Argentina, expulsó a nuestras autoridades nacionales y a la población legalmente establecida allí, pobló el territorio con sus propios colonos e impidió que ciudadanos argentinos se establecieran allí.

Ese acontecimiento dio origen a una situación colonial que continúa hasta el día de hoy. Argentina nunca consintió esa ocupación y ha mantenido una protesta constante y pacífica basada en la ley.

En la misma línea, la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, adoptada en 1965, marcó un punto de inflexión.

Reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía. También estableció la vía de las negociaciones bilaterales como medio para resolverlo, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las Islas Malvinas.

Desde entonces, la comunidad internacional ha reconocido un hecho jurídico ineludible: existe una disputa de soberanía que aún está por resolver.

Existe la creencia errónea de que el conflicto del Atlántico Sur de 1982 puso fin a la disputa de soberanía. Los hechos demuestran lo contrario.

Apenas cinco meses después del cese de hostilidades, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 37/9, llamando a Argentina y al Reino Unido a reanudar las negociaciones.

El conflicto no alteró la naturaleza jurídica de la disputa ni la resolvió. La comunidad internacional reafirmó entonces, como sigue haciéndolo hoy, que una solución pacífica sigue siendo el único camino a seguir.

La Cuestión de las Islas Malvinas tampoco es simplemente otro caso de descolonización o un caso al que se aplica el principio de libre determinación. Se trata de una situación colonial especial y particular que se origina en la violación de la integridad territorial de la Argentina.

El paso del tiempo no convierte la ocupación ilegítima en soberanía. Tampoco perturbará la unidad territorial de la República Argentina.

Cabe señalar que la ONU reconoce tanto el principio de autodeterminación de los pueblos como el principio de integridad territorial de los estados. La propia ONU determina qué principio se aplica en función de las circunstancias particulares de cada caso.

Hace más de seis décadas, el embajador José María Ruda resumió este tema con una claridad que sigue resonando hoy, afirmando que la Cuestión de las Islas Malvinas atañe al principio de integridad territorial de la República Argentina.

Esa fue precisamente la interpretación adoptada por la Asamblea General, que determinó que la disputa surgió a partir de la ocupación por la fuerza de parte del territorio argentino en 1833.

Por esa razón, nunca consideró aplicable el principio de libre determinación y, en cambio, ha sostenido sistemáticamente que debe alcanzarse una solución mediante negociaciones entre las partes, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas.

Un aficionado argentino sostiene un cartel que dice ''Las Malvinas son Argentinas'' mientras se reúnen para ver la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre España y Argentina el 19 de julio de 2026 en Buenos Aires.
Un aficionado argentino sostiene un cartel que dice ”Las Malvinas son Argentinas” mientras se reúnen para ver la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre España y Argentina el 19 de julio de 2026 en Buenos Aires. (crédito: Roberto Tuero/Getty Images)

“No debemos caer en la trampa del referéndum”

El mismo razonamiento explica por qué la ONU distingue entre los intereses de los habitantes de las islas y sus deseos en materia de soberanía.

Nuestra Constitución Nacional establece que la recuperación del pleno ejercicio de la soberanía debe lograrse respetando el modo de vida de los isleños y en cumplimiento de los principios del derecho internacional. Ese compromiso es permanente.

Es una cuestión completamente diferente afirmar que una población implantada artificialmente por la potencia ocupante puede determinar la soberanía del territorio en disputa.

Por esa razón, ningún referéndum organizado unilateralmente por el Reino Unido puede producir efectos jurídicos sobre una disputa que debe resolverse exclusivamente entre Argentina y el Reino Unido mediante negociaciones. No debemos caer en la trampa del referéndum.

La fuerza de nuestros derechos

En la OEA, nuestra región adoptó una vez más por aclamación una declaración en la que afirma que la Cuestión de las Islas Malvinas es un tema de preocupación hemisférica duradera.

En el C24, todos los países latinoamericanos que son miembros del comité copatrocinaron la resolución, que fue adoptada por consenso.

Esto se ve reforzado aún más por el apoyo continuo del Mercosur, la CELAC, las Cumbres Iberoamericanas, el Consenso de Brasilia, la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, el Grupo de los 77 y China, el SICA y otros foros multilaterales.

A todos aquellos países que nos acompañan, les transmito el agradecimiento de la República Argentina. Su compromiso con el derecho internacional fortalece el capital diplomático que nos permite mantener vivo nuestro reclamo y aumentar el costo político de la indiferencia británica.

Hay otra consideración igualmente importante. La ONU no se ha limitado a instar a Argentina y al Reino Unido a negociar.

Desde la Resolución 31/49, han solicitado expresamente que ambas partes se abstengan de introducir modificaciones unilaterales mientras la disputa siga sin resolverse. El significado de este mandato es inequívoco.

Ninguna de las partes podrá aprovechar la situación para consolidar circunstancias de hecho o tomar decisiones sobre recursos cuya propiedad sigue en disputa.

A pesar de esto, el Reino Unido ha seguido ignorando este llamado durante décadas, participando en la exploración y explotación de recursos naturales, otorgando licencias y manteniendo una presencia militar desproporcionada.

Argentina ha respondido a estas afrentas con la misma coherencia que ha mantenido en su posición diplomática. Las leyes argentinas prohíben la exploración y explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina sin autorización previa de las autoridades argentinas, y quienes realicen tales actividades están sujetos a sanciones.

Esta decisión busca proteger recursos que pertenecen a todos los ciudadanos argentinos y cuyo uso no podrá decidirse plenamente hasta que la disputa se resuelva legalmente. Proteger nuestros recursos naturales es también proteger una parte esencial de la riqueza de Argentina.

La magnitud del despliegue de tropas británicas lo dice todo. Las islas albergan a unos 3.000 residentes y hay aproximadamente 1.200 militares británicos desplegados. Esta proporción refleja la naturaleza táctica de la ocupación.

Para el Reino Unido, las Malvinas no son una expresión de su identidad. Son un enclave estratégico utilizado para preservar intereses militares, económicos y geopolíticos en una de las regiones más relevantes del hemisferio sur.

El proyecto Sea Lion es una de las demostraciones más claras de la violación por parte del Reino Unido del mandato internacional antes mencionado.

En diciembre de 2025, Rockhopper Exploration PLC y Navitas Petroleum Development and Production Ltd. anunciaron una supuesta decisión final de invertir en el desarrollo de este campo en la Cuenca de Malvinas del Norte, apoyándose en licencias inválidas emitidas por autoridades ilegítimas.

Cada acción unilateral del Reino Unido confirma que la disputa sigue sin resolverse. Cada declaración y resolución internacional es un recordatorio de que sólo hay una manera aceptable de resolverlo.

Argentina ha rechazado este acto unilateral, reservándose todos sus derechos y dejando claro que quien realice o facilite actividades ilegales en áreas en disputa estará sujeto a sanciones administrativas y penales, así como a otro tipo de acciones en jurisdicciones nacionales e internacionales.

Proteger nuestra integridad territorial es también proteger el dominio marítimo argentino.

Una causa mayor

Las Malvinas también viven en la memoria de nuestros veteranos, de las familias de los caídos y de cada hogar argentino donde se pronuncia este nombre con respeto. Han dotado a esta causa de una dimensión moral que ningún funcionario público podrá olvidar.

Cada logro diplomático que logramos también contribuye a honrar este legado. Su sacrificio exige que nuestra conducta pública y nuestra política exterior sean dignas de su ejemplo.

Por tanto, continuaremos. Estaremos presentes en la ONU, la OEA y en todos los foros multilaterales y debates bilaterales donde sea necesario defender nuestros derechos. Responderemos inequívocamente a toda acción unilateral, cualquiera que sea su forma.

Lo haremos con firmeza y guiados por la convicción de que las causas justas requieren paciencia estratégica, unidad nacional y perseverancia.

El compromiso de Argentina con las negociaciones permanece inalterado. Estoy convencido de que la solución será pacífica, diplomática y acorde con el derecho internacional. Esta voluntad coexiste con una certeza inmutable.

El reclamo de Argentina no se ve afectado por el paso del tiempo, ni será desestimado o abandonado.

Las Malvinas son parte de nuestra historia, de nuestro territorio, de nuestro mar, de nuestra memoria y de nuestro destino. Su causa es una promesa intergeneracional. Es la voz de una nación que sabe esperar sin darse por vencida y cómo hacer valer sus reivindicaciones sin ceder.

Todos los días renuevo este mandato sabiendo que difícilmente puede haber mayor honor para un ministro de Relaciones Exteriores que difundir la voz de esta causa legítima en todo el mundo y defenderla con la misma pasión con la que millones de argentinos la abrazan.

Ahí radica uno de los mayores honores y compromisos para cualquier ciudadano argentino. Ese es mi propio compromiso.

Por historia, por derecho y por convicción, las Malvinas son argentinas.

El autor es el ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de Argentina.