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De una concesionaria de autos en Argentina a una hidroponía ecológica en Francia

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Del concesionario de automóviles a la hidroponía hay sólo un pequeño paso. Mientras residían en Buenos Aires, Marion y Nicolas Sarlé descubrieron la hidroponía. Cuando regresaron a Francia en 2013, montaron la primera granja hidropónica ecológica en el departamento de Gers. El sector está en auge, con clientes tanto profesionales como privados. Incluso les ha impulsado a desarrollar un programa de formación. Hasta la fecha, han cultivado más de 100 variedades y han formado a más de 800 estudiantes. Lo explica Marion Sarlé, cofundadora de Les Sourciers.

De una concesionaria de autos en Argentina a una hidroponía ecológica en Francia© Pájaro que salta

Del balcón a la microgranja© Pájaro que salta
Nada predestinaba a Marion y Nicolas Sarlé a convertirse en productores de hortalizas. Ambos trabajaban en el sector automotriz cuando se mudaron a Argentina. Fue en el balcón de su departamento en Buenos Aires donde descubrieron la hidroponía, ya ampliamente desarrollada en el país. “Teníamos una terraza y empezamos a cultivar plantas, sobre todo hierbas y tomates”, explica Marion Sarlé. De vuelta en Francia, la pareja decidió dar el paso y, en 2013, montaron una microgranja hidropónica ecológica en el corazón del departamento de Gers. En aquel momento, se trataba de una medida sin precedentes en Francia. “La familia hidropónica ya existía, pero no existía la microgranja hidropónica con nociones de ecología y plantas nutritivas”, explica Marion Sarlé. En colaboración con Terra Aquatica, están desarrollando sistemas de cultivo adaptados a este modelo. Con una superficie de unos 600 m², la microgranja produce actualmente hierbas aromáticas (desde perejil y albahaca hasta shiso japonés), flores comestibles, microhojas y tomates tradicionales.

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Nicolas y Marion Sarlé

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Creación de un centro de formación.
Muy activa en las redes sociales, Marion Sarlé no tarda en compartir su vida cotidiana y sus experiencias. Ante el creciente interés de sus seguidores, la formación era el siguiente paso lógico. “La gente nos hacía muchas preguntas, por lo que fue algo bastante natural”, explica. Dos años después de su fundación, el matrimonio inició sus primeros cursos de formación. Una actividad complementaria impulsada por “la pasión por el cultivo de hortalizas pero también por transmitirla”. Los cursos que se ofrecen incluyen “Configura tu propia microgranja hidropónica” y “Cultiva y comercializa microvegetales”.

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Los perfiles son variados: alrededor del 60% son profesionales, pero también hay muchos particulares. Algunos aprendices montan sus propias microgranjas hidropónicas, mientras que otros se especializan, por ejemplo, en el cultivo de fresas. Los cursos también cubren las diversas técnicas sin suelo, desde hidroponía abierta hasta sistemas de recirculación. En cuanto al formato, los módulos online suponen 21 horas (con hasta 40 horas de experiencia práctica), mientras que los cursos presenciales oscilan entre 3 y 15 días, organizándose cuatro sesiones cada año.

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“Sembrar cultivos cuando no hay tierra”© Pájaro que salta
Más allá del aspecto técnico, la hidroponía enfrenta desafíos agronómicos y regionales. “El objetivo no es sustituir la tierra, sino poder cultivar cuando no hay tierra”, explica Marion Sarlé. Esta capacidad de producir sin suelo fértil explica el creciente interés por este método, especialmente fuera de la Francia continental. “Una gran parte de nuestros clientes provienen de zonas donde la tierra es pobre o donde hay problemas de agua, como los territorios de ultramar o ciertos países del África francófona.”

Pero la hidroponía también ayuda a superar una serie de limitaciones sanitarias. “Cultivar sin tierra permite limitar problemas como enfermedades e insectos y, por extensión, el uso de productos fitosanitarios. Como resultado, podemos producir plantas con un gran sabor y valor nutricional”, explica Marion Sarlé. Esta calidad de sabor es lo que les impresionó cuando empezaron. “Nos sorprendió mucho el sabor de nuestras verduras cultivadas en agua”.

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Producción exclusiva para el sector de la restauración.
Hay muchos modelos de negocio diferentes para la hidroponía, pero Marion y Nicolas Sarlé han elegido varias opciones. “No queríamos cultivar, como hacemos, por ejemplo, con la acuaponía, porque implica demasiadas limitaciones humanas”, explica. Entonces la pareja optó por una organización que fuera compatible con la vida familiar. Inicialmente, el proyecto Les Sourciers preveía incluso duplicar el modelo. “Algunos optan por producir forrajes para el ganado, otros hortalizas para supermercados o venta directa. Nosotros, por nuestra parte, hemos optado por mantener nuestra superficie pequeña, con productos de alto valor añadido destinados exclusivamente a la restauración”.

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Marion Sarlé también ha escrito una guía práctica para montar una microgranja hidropónica, biopónica o acuapónica.

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