¿Vuelve el vandalismo a los campos de golf franceses? Varios establecimientos han sido víctimas de daños deliberados en las últimas semanas, en un contexto de calor extremo y sequía que ha reavivado las críticas en torno al uso del agua. Entre los lugares afectados recientemente se encuentran el campo de golf de Poitiers-Mignaloux, el campo de golf de Tremblay-sur-Mauldre e incluso los campos situados en Roissy-en-France y Noues-de-Sienne.
En 2022, 2023 y 2024, los campos de golf sufrieron daños especialmente importantes. Pensamos en particular en el Golf de Saint-Cloud, que había visto despejados una decena de sus greens.. El año 2025 fue más templado y el fenómeno parecía calmarse. El verano particularmente húmedo quizás no sea ajeno a esto. El verano de 2026 marca, por el momento, el regreso de varios actos de vandalismo en las rutas francesas.
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Degradaciones e incomprensión
En el campo de golf de Poitiers-Mignaloux, en Viena, se cortó un green, se arrancaron trozos de hierba, se plantaron zanahorias y se envió un mensaje: “Menos verde, más raíces”.
En el lado del campo de golf de Tremblay-sur-Mauldre, en Yvelines, tres greens fueron vandalizados, para gran consternación de su director Emmanuel Bachot. Inscripciones como “burgués de mierda” o “deporte de lujo” están esparcidas por el suelo, junto con símbolos anarquistas, como informa Europe 1. El daño podría ser especialmente grave para la estructura independiente. El director calcula el coste de reparación de un green en unos 20.000 euros, o hasta 60.000 euros si hay que rehacer completamente las tres superficies afectadas.
Detrás de estos deterioros se destaca, en particular, el uso del agua por parte de los campos de golf durante los períodos de sequía. En Viena, los autores de la acción proponen transformar los espacios verdes en huertos colectivos para la población. El debate también se ha extendido al ámbito político. La eurodiputada del LFI Emma Fourreau reaccionó a X denunciando las exenciones concedidas a los campos de golf en materia de riego, que contrasta con las restricciones impuestas a la población y a los espacios verdes. “El agua es un bien común, no un privilegio de clase”, escribe.







