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Hermanas religiosas viviendo la misión y la fe en la sierra argentina

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En el norte de Argentina, las Misioneras Diocesanas de María Madre de la Iglesia están haciendo realidad el sueño de una Iglesia sinodal y misionera, viviendo entre los pueblos indígenas de la región, compartiendo su cultura, ofreciendo atención pastoral y conviviendo con los desafíos de su territorio.

Por Hna. Leontina Elisa Melano, MD

Las periferias existenciales y las periferias geográficas son diferentes: inmigrantes, personas mayores, pueblos construidos sobre vertederos o en las zonas desérticas de las tierras altas.

Durante miles de años, el pueblo Colla ha vivido en las tierras altas de la provincia argentina de Jujuy (puna en Quechua), entre 3.500 y 5.800 metros sobre el nivel del mar.

La región se caracteriza por un paisaje duro: grandes llanuras rodeadas de colinas con escasa vegetación, donde las temperaturas invernales oscilan entre -28°C y +20°C, y donde hay fuertes vientos, nieve en verano y largas distancias entre pueblos.

La vida se desarrolla en armonía con la geografía. Los lugareños reconocen, aprecian y transmiten este mensaje.

Hermanas religiosas viviendo la misión y la fe en la sierra argentina

Pueblo de Lagunillas del Farallón, ubicado a casi 4.200 metros sobre el nivel del mar, en la frontera con Chile y Bolivia. Foto: L. Melano (©L. Melano)

Sergio, de 48 años, de Lagunillas del Farallón, animador de la comunidad católica local, dice: “Mi deseo es vivir siempre aquí, criar ganado y trabajar en el campo, donde nada tiene precio, a diferencia de las ciudades donde todo se trata de dinero. Estos valores los he inculcado a mis hijas: cómo vivir en el campo, cómo cocinar… ellas lo han vivido. Yo les enseñé esto. También hay dificultades para vivir aquí, como el frío, el transporte, incluso de los animales, y caminar”.

El reconocimiento de la preexistencia de los pueblos originarios y de sus derechos en la Constitución Nacional fue un proceso lento, que concluyó en 1994. El mismo reconocimiento fue un proceso lento para los pueblos originarios.

Identificarse con su identidad, cultura, espiritualidad y costumbres andinas no fue fácil porque, en varias ocasiones, ese reconocimiento había resultado en discriminación.

Visita a familias. Foto: María Elena Galeano

Visita a familias. Foto: María Elena Galeano (© María Elena Galeano)

Al mismo tiempo, se valora y se vive la vida en plenitud: “Ser del territorio, con nuestra propia forma de vivir y estar en esta tierra significa ser parte del pueblo Colla. Realmente soy una Colla”, dice Delma con alegría. Ella es del pueblo de Potrero de la Puna.

“El campo es vida, el ganado es una familia más, porque no es fácil vivir solo”, afirma. “Estoy muy feliz de haber podido reconocer el valor del lugar en el que nací entre el pueblo Colla, incluida la decisión de vivir según los valores ancestrales que me fueron transmitidos, lo cual tiene sus dificultades”.

En estos pueblos vive desde 2012 una comunidad religiosa de Hermanas Misioneras Diocesanas. El sueño de ser una Iglesia que siempre sale adelante, estar al lado del pueblo fue el catalizador para abrir una nueva misión en la Prelatura de Humahuaca.

Las Hermanas participan en una procesión llevando la imagen de Nuestra Señora del Rosario por un pueblo. Foto: Miriam Pinatti, MD

Las Hermanas participan en una procesión llevando la imagen de Nuestra Señora del Rosario por un pueblo. Foto: Miriam Pinatti, MD (©Miriam Pinatti)

Hubo grandes desafíos desde el principio. “Dentro de un mismo paÃs encontramos una cultura y una forma de ver el mundo, la vida y el tiempo completamente diferente. Se necesitan años para entenderlo”, dice Sor Andrea Landetcheverry, Superiora General de la Congregación en el momento de su fundación, que es miembro de la comunidad desde 2024.

A lo largo de los años, las Hermanas, junto con laicos de la comunidad y obispos, fueron en busca de nuevas formas de estar presentes en el territorio, en constante escucha de la realidad y del plan de Dios para la Prelatura: ser una iglesia más indígena y con características distintas.

Hoy, las Hermanas Misioneras Diocesanas son responsables de la atención pastoral de dos parroquias rurales, compuestas por 50 pueblos, que no tienen sacerdote.

Sor Andrea dice que “el desafío es seguir escuchando y tratando de dar respuestas a las necesidades de hoy, la misión actual es nuestro aporte femenino, nuestra manera de estar presentes, de ser Iglesia, de escuchar, de hacer comunidad y de ser compañeras cercanas”.

En su primera exhortación apostólica, te amabael Papa León XIV afirma: “Al crecer en circunstancias precarias, aprender a sobrevivir en las condiciones más adversas, confiar en Dios con la seguridad de que nadie más los toma en serio y ayudarse unos a otros en los momentos más oscuros, los pobres han aprendido muchas cosas que mantienen escondidas en sus corazones”.

Las Hermanas Misioneras de María Madre de la Iglesia, como las de muchas otras Congregaciones religiosas, dan testimonio de esta misión de Iglesia sinodal.

La mayoría de las casas del campo cuentan con espacios comunes donde la comunidad se reúne para celebrar la fiesta del santo patrón de su pueblo. Foto: Miriam Pinatti, MD

La mayoría de las casas del campo cuentan con espacios comunes donde la comunidad se reúne para celebrar la fiesta del santo patrón de su pueblo. Foto: Miriam Pinatti, MD (© Miriam Pinatti)