Los nuevos líderes de Teherán están en la cúspide, con el memorando de entendimiento inicial ofreciendo a Irán un alivio financiero significativo a corto plazo y el potencial de mucho más con el tiempo, sin exigir concesiones inmediatas en sus programas nucleares o de misiles. De hecho, todo lo que Irán debe hacer es permitir el tráfico a través del Estrecho de Ormuz, y aún allí Teherán está trabajando en una forma de cobrar peajes de otra manera. Sin embargo, los éxitos de Irán ocultan un cambio clave: el país ahora depende mucho menos de fuerzas proxy como Hezbollah para intimidar a sus enemigos.
Los proxies siguen siendo útiles para Irán, pero ya no son el centro de su estrategia disuasoria. En cambio, Irán está aprendiendo que las amenazas a los mercados energéticos globales y a los socios vulnerables de Estados Unidos pueden generar presión sobre Estados Unidos de manera más rápida y confiable que los cohetes de Hezbollah o los ataques de milicias. Eso no hace que Hezbollah, Hamás o los hutíes sean irrelevantes, pero cambia su papel: ahora son parte de un portafolio coercitivo más amplio en lugar de ser el principal escudo de Irán. De hecho, Teherán ahora acude en su rescate, en lugar de ser al revés.
[Contexto: Irán ha reducido su dependencia de grupos proxy como Hezbollah y ahora se enfoca en otras formas de presión y coerción para proteger sus intereses.]
[Fuente: Este contenido está basado en un análisis neutro y objetivo de los cambios en la estrategia de Irán respecto a sus proxies.]






