Muchos padres asumen que si están cerca de sus hijos, sus hijos naturalmente se abrirán a ellos. Pero después de años de trabajar con familias y estudiar más de 200 relaciones entre padres e hijos, he encontrado que la cercanía sola no siempre significa que los niños se sentirán seguros de abrirse. Los niños tienen más probabilidades de abrirse cuando confían en lo que sucede cuando lo hacen. Los padres a los que los niños siguen recurriendo, a los 7, 17 o incluso 27 años, crean espacio para conversaciones difíciles. Aquí hay siete cosas que hacen con sus hijos desde temprana edad. 1. Se regulan a sí mismos antes de intentar regular a sus hijos Los niños son mucho más propensos a abrirse cuando no están preocupados por cómo reaccionará su padre. Los padres que conocen mejor el mundo interior de sus hijos han aprendido a no hacer que las emociones de estos se sientan como un problema que resolver o una amenaza que gestionar. Sus hijos confían en que pueden traer cosas difíciles a casa. 2. Comparten quiénes son Muchos padres esperan franqueza de sus hijos mientras revelan muy poco de sí mismos. Los padres cuyos hijos siguen compartiendo su mundo interior no se esconden detrás del papel de mamá o papá. Sus hijos saben qué les entusiasma, qué les estresa y qué es importante para ellos. Los niños son más propensos a compartir lo que tienen en mente cuando no sienten que son los únicos vulnerables. 3. Preguntan sobre los sentimientos, no solo sobre el desempeño La mayoría de los padres preguntan naturalmente sobre calificaciones, deportes, tarea y logros. Los padres cuyos hijos siguen abriéndose también hacen preguntas diferentes: “¿Qué fue difícil hoy?” “¿Cómo te fue?” “¿En qué estás pensando últimamente?” Estas preguntas muestran a los niños que sus pensamientos y sentimientos merecen tanta atención como sus logros. 4. No hacen que algunas emociones sean aceptables y otras inaceptables La mayoría de los padres no tienen problema en aceptar la emoción y la gratitud. La ira, los celos, la tristeza y la decepción son otra historia. Pero los niños aprenden rápidamente qué sentimientos son seguros de compartir y cuáles necesitan ocultar. Los padres que se mantienen emocionalmente cerca de sus hijos no esperan que siempre estén felices. Dejan espacio para toda la gama de emociones humanas. Cuando los niños aprenden que ciertos sentimientos no son bienvenidos, a menudo dejan de compartirlos.






