En la lucha global contra el cáncer, Argentina se ha convertido en un campo de pruebas inesperado para una batalla de alto riesgo sobre los precios de los medicamentos, batalla que ahora está atrayendo la atención internacional.
En el centro de la disputa está el pembrolizumab, una inmunoterapia ampliamente considerada como uno de los tratamientos contra el cáncer más avanzados disponibles en la actualidad.
Comercializado a nivel mundial por el gigante farmacéutico estadounidense Merck & Co. (conocido como MSD fuera de EE. UU. y Canadá) bajo la marca Keytruda, el medicamento ha transformado los resultados de pacientes con cánceres que van desde melanoma hasta tumores de pulmón y mama.
Protegido por una gran cantidad de patentes, el precio del medicamento es prohibitivo para la mayoría de las personas. Sin embargo, una improbable brecha legal en Argentina abrió la puerta para que una compañía farmacéutica local comenzara a fabricar un medicamento similar a una fracción del precio.
La situación está siendo seguida de cerca por muchos actores involucrados en el campo, ya que el caso se ha vuelto emblemático de un dilema global creciente: cómo equilibrar la innovación con el acceso.
Un gran avance, a un precio
Pembrolizumab ha sido aclamado como un gran avance en oncología desde su aparición en 2014. En lugar de atacar los tumores directamente, actúa reactivando el sistema inmunológico del paciente, permitiéndole detectar y destruir las células cancerosas.
Su impacto clínico ha sido significativo. También lo ha hecho su éxito comercial.
Keytruda ahora representa casi la mitad de los ingresos globales de Merck/MSD. Según informes de la empresa, las ventas totales durante la última década superaron los 160 mil millones de dólares.
Sin embargo, el costo del medicamento lo ha colocado fuera del alcance de muchos pacientes en todo el mundo.
En Estados Unidos, una dosis estándar de Keytruda (200 mg, que generalmente se toma cada 3 semanas) cuesta más de 12.000 dólares, según el precio de lista oficial de Merck & Co. El precio de un tratamiento completo puede llegar a más de 200.000 dólares.
Una investigación sobre Keytruda realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), que incluye algunos medios argentinos, encontró que el costo varía de un país a otro. Los precios pueden oscilar entre 65.000 dólares en Sudáfrica, 80.000 dólares en Alemania o 93.000 dólares en el Líbano, hasta 116.000 dólares en Croacia y 130.000 dólares en Colombia.
Esto significa que el acceso suele estar limitado a aquellos cubiertos por los sistemas de salud públicos (los estados son los mayores compradores de Keytruda) o por seguros privados.
Para los sistemas de salud que ya están bajo presión, esos costos plantean un desafío cada vez mayor, particularmente porque la incidencia del cáncer continúa aumentando.
Una brecha en el muro de las patentes
La investigación del ICIJ reveló que en la mayoría de los mercados principales, el ingrediente activo de Keytruda, pembrolizumab, está protegido por una densa red de patentes que extienden la exclusividad de mercado de Merck/MSD.
Sin embargo, esas protecciones nunca se lograron en Argentina debido a estándares más estrictos para las patentes farmacéuticas establecidos durante el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con el objetivo de fomentar la producción de versiones más baratas de medicamentos.
Esa brecha creó una oportunidad única.
Una empresa farmacéutica local, Laboratorio Elea, parte del Grupo Insud, desarrolló una versión biosimilar del fármaco, conocida como Pembrox. Los biosimilares no son copias idénticas, sino que están diseñados para igualar al original en seguridad, eficacia y calidad.

Cuando Pembrox ingresó al mercado argentino a principios de 2025, marcó la primera competencia de este tipo para pembrolizumab en cualquier parte del mundo.
El impacto fue inmediato.
La competencia cambió la ecuación
En cuestión de meses, el precio de Keytruda en Argentina cayó aproximadamente un 50%, ya que MSD tomó medidas para defender su participación de mercado.
Al mismo tiempo, el acceso al pembrolizumab se amplió espectacularmente.
El Gobierno nacional -principal comprador del medicamento contra el cáncer, debido a su alto precio- incrementó sus compras en más de 1.300%, al pasar de 280 dosis por año a casi 4.000 en 2025, cuando se lanzó Pembrox, según cifras oficiales reveladas por Infobae y La Nación, dos de los medios locales que participaron en la investigación del ICIJ.
El aumento significativo de las dosis hizo que un tratamiento que antes había estado financieramente fuera de alcance estuviera más disponible.
Hoy en día, el precio de ambos medicamentos es casi el mismo: 15.735 dólares por dosis de Keytruda y 15.345 dólares por dosis de Pembrox, según las listas oficiales de precios de medicamentos revisadas por el Heraldo y convertido al tipo de cambio oficial, una cifra que sigue siendo prohibitivamente cara para cualquiera que deba acceder a ella de forma privada.
Innovación versus acceso
El lanzamiento de su biosimilar en Argentina es un caso raro que no podría replicarse en países con regulaciones de patentes estándar. Sin embargo, el episodio está siendo visto internacionalmente como un estudio de caso sobre lo que la competencia podría significar para los precios de Keytruda una vez que las patentes clave comiencen a expirar en los EE. UU. y Europa a partir de 2028.
Según PatSnap, una empresa de análisis de innovación y propiedad intelectual comercial, esos vencimientos colocan “más de 25 mil millones de dólares en ingresos anuales directamente en el camino de la competencia de biosimilares”.
La creación de medicamentos como Pembrox pone de relieve una tensión más amplia en el corazón de la industria farmacéutica.
Por un lado, están las empresas que sostienen que una fuerte protección de patentes es esencial para recuperar inversiones masivas en investigación y desarrollo: Merck/MSD dice que gastó decenas de miles de millones de dólares para llevar pembrolizumab al mercado.
Por el otro, están los gobiernos, los pacientes y los grupos de defensa que presionan por una mayor asequibilidad y acceso, en particular a tratamientos que salvan vidas para enfermedades como el cáncer, que sigue siendo una de las principales causas de muerte en todo el mundo y causa aproximadamente una de cada seis muertes, según la Organización Mundial de la Salud.
A medida que las nuevas terapias se vuelven más efectivas (y más caras), la cuestión de quién tiene acceso a ellas se vuelve cada vez más urgente.
El debate se ha intensificado en los últimos años a medida que los fabricantes de medicamentos han dependido cada vez más de estrategias como la “permanencia” (extender la protección de las patentes mediante modificaciones incrementales) para mantener la exclusividad.
Muchos ven los biosimilares y los genéricos como una posible solución, aunque su adopción también plantea cuestiones complejas.
Argentina, de pionera a blanqueada
En EE.UU. y Europa, se espera que versiones biosimilares de pembrolizumab entren al mercado una vez que expiren las patentes originales de Keytruda a finales de la década, introduciendo potencialmente el tipo de competencia de precios ya vista en el país sudamericano.
Los analistas dicen que el momento y la escala de esos cambios de precios dependerán de cuántos competidores surjan y qué tan rápido los adopten los sistemas de salud.
Sin embargo, hay mucho en juego: “Ninguna caducidad de patente en la historia de la farmacología oncológica genera una cifra de ingresos comparable, lo que convierte el abismo de patentes de Keytruda en uno de los eventos de propiedad intelectual más importantes de la década”, según PatSnap.
Paradójicamente, en Argentina, un cambio reciente en la política de patentes podría significar que otro caso como el de Pembrox sería poco probable.
Se espera que una decisión anunciada en marzo por el gobierno de Javier Milei que actualiza las regulaciones de patentes para eliminar las reglas más estrictas introducidas durante el kirchnerismo facilite a las compañías farmacéuticas –incluidas las extranjeras– asegurar protecciones más amplias, incluso para medicamentos biológicos complejos.
Si bien la medida acerca al país a los estándares internacionales y podría abrir la puerta a terapias más innovadoras del extranjero, también reducirá la probabilidad de que en el futuro surjan nuevos medicamentos genéricos o biosimilares producidos localmente.





