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Daño invisible: Informe sobre la violencia contra los animales en el conflicto de Colombia

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El 20 de abril, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) de Colombia, mecanismo de justicia transicional, publicó un informe sobre la violencia sufrida por los animales en el contexto del conflicto armado.

El informe de la JEP, realizado en colaboración con la Universidad de Essex, encontró que un animal es asesinado o herido cada 30 minutos debido al conflicto armado.

Los activistas por los derechos de los animales dicen que la publicación representa un paso adelante en la difusión de la violencia frecuentemente invisibilizada infligida a los animales en la guerra.

El informe se desarrolló a través de la construcción de una base de datos que utilizó 237 medios de comunicación nacionales, regionales y locales, y 600 cuentas de organizaciones sociales y ambientales, así como entidades estatales y organizaciones multilaterales.

Con base en la información recopilada, se realizó una categorización individual refiriéndose a animales domésticos, y una colectiva refiriéndose a especies, es decir, animales silvestres. En este contexto, 100,252 animales domésticos enfrentaron violencia y 44 especies están en riesgo inminente de extinción como resultado del conflicto armado.

El 32% de los casos registrados que involucran animales estaban directamente vinculados a acciones militares, incluyendo confrontaciones armadas, emboscadas y ataques. Los impactos no se distribuyeron de manera uniforme en el territorio; existen regiones donde convergen el conflicto armado, las economías ilegales y la riqueza ambiental, intensificando el daño. Por ejemplo, Antioquia es el departamento con la mayor concentración de especies amenazadas por el conflicto.

“Nos dimos cuenta de que la mayoría de los casos involucraban incidentes como accidentes con minas terrestres, minas antipersonal, emboscadas contra las fuerzas de seguridad pública, acoso de las fuerzas de seguridad pública y enfrentamientos armados. Estas fueron algunas de las situaciones en las que los animales fueron asesinados o heridos. También fueron afectados por el desplazamiento forzado”, explicó Laura Ojeda, investigadora de la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP que contribuyó al informe.

El abandono forzado fue una de las formas de daño más documentadas identificadas en el informe, en gran parte porque estaba estrechamente ligada a la victimización de cuidadores dentro de las dinámicas del conflicto. El 27% de los casos registrados, correspondientes a aproximadamente 900,000 animales, implicaron abandono forzado.

El informe también identificó nueve formas en las que los animales fueron utilizados a lo largo del conflicto armado: como medios de transporte; como dispositivos para detonar artefactos explosivos; como instrumentos para infligir dolor y sufrimiento, tortura; como centinelas para alertas rápidas; como herramientas de vigilancia; en prácticas de bioterrorismo que involucran enfermedades zoonóticas; como herramientas de propaganda; como amuletos o parte de rituales esotéricos; y como un medio para intimidar a comunidades y extorsionar pagos a dueños de negocios y agricultores.

El informe se enmarca dentro de los esfuerzos de la JEP por reconocer el medio ambiente dentro de sus procesos de justicia, verdad y reparación. Este lanzamiento, el tercero de una serie de tres, es el primero en centrarse en las formas específicas de violencia sufrida por los animales.

“Es parte de una estrategia para reconocer todas las formas de vida que han sido víctimas del conflicto armado en Colombia”, dijo Ojeda a Latin America Reports.

Para la senadora Andrea Padilla del partido Alianza Verde, el informe representa un gran avance para los derechos de los animales.

Ella señala que el daño a los animales suele abordarse como un problema colateral, como daño a la propiedad en el marco del daño a los activos humanos.

“Los animales siempre han sido excluidos de cualquier consideración moral, de cualquier consideración legal, incluso de la cobertura de noticias”, dijo la senadora a Latin America Reports.

El equipo detrás del informe enfrentó el desafío de cambiar la narrativa lejos del marco legal que se refiere a los animales solo como parte del medio ambiente natural.

En su lugar, adoptaron un enfoque “diferencial” de las ciencias naturales, en colaboración con La Enredadera & co, un colectivo de divulgación científica.

Para Luis Carlos Posso, antropólogo y miembro del colectivo, el informe representa una excepción al “antropocentrismo inevitable que impregna la ley”.

La senadora Padilla resaltó las implicaciones para los derechos de los animales: “Creo que es justo que los seres sintientes capaces de emociones, afecto y vidas sociales, morales y emocionales también sean considerados como afectados por el conflicto”.

Padilla añadió que comprender el impacto del conflicto en los animales profundiza la apreciación del costo humano de la violencia.

“Cuando entendemos que hay lazos de afecto, lazos familiares que son abruptamente rotos por la guerra, también podemos ver el conflicto de una manera más profunda, es decir, podemos entender las formas más profundas de daño que se están causando”, dijo la senadora.

Además de detallar los daños infligidos a los animales, el informe propone diversas medidas reparatorias. Estas incluyen la restauración del hábitat, atención veterinaria en zonas de conflicto, redes de atención veterinaria públicas, la inclusión de los animales en procesos de memoria y verdad, medidas de protección para especies en riesgo, e iniciativas de conservación.

Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer antes de que los animales sean completamente reconocidos como víctimas.

“Legalmente no son cosas, pero tampoco son titulares de derechos. Si no son titulares de derechos, no pueden ser reconocidos como víctimas”, explica Ojeda.

La ley colombiana reconoce a los animales como seres sintientes, y leyes como la Ley ángel reflejan un progreso significativo en sus derechos. Actualmente, hay un proyecto de ley avanzando en el congreso que busca reconocer histórica y legalmente a los animales y los ecosistemas como víctimas del conflicto armado interno, prohibiendo su uso como instrumentos de guerra y ordenando su reparación esencial. Se trata del Proyecto de Ley No. 012 de 2025, liderado por la senadora Esmeralda Hernández del partido Pacto Histórico.

La senadora Padilla explicó que el éxito de los cambios legales dependerá de quién sea elegido como el próximo presidente.

“Sin duda, este informe tiene un gran valor. No solo ofrece otra perspectiva sobre el conflicto armado, sino que también incorpora explícitamente a los animales en el análisis de la guerra, el daño y la paz”, dijo la senadora Padilla. Agregó que los animales deben participar en los procesos de reparación, insistiendo en que “la paz debe incluir a los animales, o no será completa”.

Este artículo apareció originalmente en The Bogotá Post y se publicó de nuevo con permiso.

Descripción de la imagen destacada: Un loro en un árbol.

Crédito de la imagen destacada: Piqsels.