Home Argentina Aprovechando al máximo la posición de la izquierda en Argentina: una entrevista...

Aprovechando al máximo la posición de la izquierda en Argentina: una entrevista con Emilio Albamonte

31
0

Publicado originalmente en español, presentamos una traducción al inglés de una entrevista con Emilio Albamonte sobre las perspectivas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y la izquierda socialista en Argentina. Albamonte es líder y fundador de la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional, hoy Corriente de la Revolución Permanente – Cuarta Internacional, y del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina. Es coautor de los libros Estrategia socialista y arte militar y Debates y fundamentos sobre la lucha por el socialismo hoy.

Quizás te interese: “Cómo luchar (y ganar) contra la derecha: lecciones del movimiento obrero en la Argentina de Milei”

***

¿Cómo caracterizaría el fenómeno político que se desarrolla en torno a Myriam Bregman y la izquierda? ¿Por qué está sucediendo y cuáles son sus raíces en la realidad política argentina?

Lo primero que hay que decir es que el fenómeno no es esencialmente electoral –aunque varias encuestas dan a Myriam entre un 9 y un 14 por ciento de apoyo electoral como candidata presidencial– sino, sobre todo, de simpatía política, o lo que los encuestadores llaman “imagen”.

Quizás te interese: “Conozca a Myriam Bregman, la congresista revolucionaria en Argentina más popular que Mileiâ€

Este fenómeno no se puede entender sin partir de la lucha de clases bajo el gobierno de Milei, que recientemente incluyó la batalla contra la reforma laboral, en cuyo contexto llevamos a cabo una enorme campaña de agitación, la mayor que recuerdo de cualquier organización de izquierda aquí fuera de un período electoral.

La lucha contra la reforma fue una experiencia importante. Podríamos decir que el fenómeno político que ahora se desarrolla es una expresión política de las conclusiones que amplios sectores de la clase trabajadora –los jóvenes, el movimiento feminista, así como sectores de la cultura e intelectuales– han venido sacando de estos dos años de lucha contra este gobierno, durante los cuales vieron a Myriam y al PTS en primera línea, mientras gran parte del peronismo y la burocracia sindical mantenían el equilibrio que permitió avanzar a Milei.

Uno de los hechos más comentados fue la encuesta de la consultora brasileña Atlas Intel -la misma que anticipó el ascenso de Milei- en la que Myriam tiene un 47 por ciento de aprobación y un 46 de desaprobación, lo que la convierte en la única figura de la política argentina con una imagen neta positiva. Está por encima del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, de la expresidenta Cristina Kirchner, de la senadora y exministra Patricia Bullrich y del propio presidente Milei. La encuesta de la Universidad de San Andrés también ubica a Myriam entre los cuatro líderes políticos con mejor imagen del país. Pero no se trata sólo de las encuestas, ¿verdad?

No, lo que reflejan las encuestas es algo que ya veníamos viendo en las calles desde hace bastante tiempo: la simpatía generada por Myriam y Nicolás “Nico” del Caño al frente de las boletas del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT-U). Va más allá de la propia Myriam como figura política individual. Ella es la principal expresión de un fenómeno más amplio. Por ejemplo, en la encuesta de la Universidad de San Andrés que mencionaste, Nico aparece quinto entre las figuras políticas de oposición con mayor imagen positiva.

Lo nuevo aquí, aunque se trata de mediciones de “imagen”, es que ahora se trata de un fenómeno nacional. Ya habíamos visto en Jujuy que Alejandro Vilca obtuvo el 25 por ciento para diputado nacional en esa provincia en 2021; Más tarde, aunque no fue reelegido, mantuvo un alto porcentaje de votos de alrededor del 10 por ciento.

También debemos mencionar a Christian Castillo, a Luca Bonfante entre los jóvenes y a nuestros camaradas que son líderes en sus lugares de trabajo, universidades y luchas obreras; todos ellos son parte del mismo tejido más amplio.

Tenemos todo el derecho de pensar que este fenómeno –que también es una continuación de lo ocurrido en 2025, cuando la lista bonaerense encabezada por Nico ganó dos diputados nacionales y Myriam alcanzó el 9 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires– también se expresará en la lucha de clases.

¿Cómo sitúa este fenómeno en el contexto internacional y cómo definiría la particularidad de la izquierda en Argentina?

Desde la crisis de 2008 hemos visto surgir fenómenos políticos no sólo en la derecha sino también en la izquierda, aunque desgraciadamente la inmensa mayoría acabó canalizándose a través del neoreformismo. Hay una constante que podemos observar en la historia del movimiento obrero: muchas veces, cuando no encuentra salida a través de la acción directa en la lucha de clases, se expresa políticamente.

Por ejemplo, a finales del siglo XIX, tras la derrota de la Comuna de París, el movimiento obrero europeo creó los grandes partidos y sindicatos obreros socialdemócratas. El caso paradigmático fue la socialdemocracia alemana, que se desarrolló inicialmente como una enorme organización semiclandestina bajo las leyes “antisocialistas” de Bismarck.

Dick Geary, en un interesante libro sobre los movimientos obreros y socialistas en Europa antes de 1914, explica muy bien lo dura que fue la lucha contra los empresarios a nivel de fábrica: lockouts, cierres de fábricas. En ese contexto, la organización política también respondía a la imposibilidad de avanzar únicamente a través de las luchas en el lugar de trabajo, a la necesidad de luchar colectivamente. Es lo que resumió Rosa Luxemburgo diciendo que la lucha sindical era una especie de tarea de Sísifo.

La respuesta del régimen burgués a este proceso de organización –que también tuvo una extensión internacional– fue modificar la estructura política de dominación estatal. Hemos estudiado a Antonio Gramsci, entre otras razones, porque fue quien mejor analizó este proceso. La burguesía creó un “Estado ampliado” –lo que Gramsci llama el Estado integral, es decir, dictadura más hegemonía– para ir más allá de la espera pasiva del consentimiento, y desarrolló toda una serie de mecanismos para organizarlo, siendo la institucionalización de las organizaciones de masas y la expansión de las burocracias dentro de ellas uno de los elementos fundamentales, con la doble función de “integración” al Estado y fragmentación de la clase trabajadora. En Argentina este proceso tuvo lugar durante el primer gobierno peronista.

Esto no es sólo historia. A lo largo de la última década y media hemos asistido a decenas de procesos generalizados de lucha de clases en diferentes países, la mayoría de los cuales tomaron la forma de revueltas, así como procesos de movilización política, especialmente entre los jóvenes (Occupy Wall Street, los indignados en el Estado español, el movimiento de la Plaza Tahrir en Egipto, etc.).

Existe una relación entre estos movimientos y el desarrollo de los fenómenos políticos neoreformistas porque, como dije antes, cuando los movimientos obreros y populares no pueden encontrar una salida a través de la lucha de clases directa, esto se expresa como acción política. El neoreformismo intenta precisamente separar la política de la lucha de clases. Lo vimos con Podemos en el Estado español, Jean-Luc Mélenchon en Francia y Syriza en Grecia.

Algo similar ocurrió aquí después del levantamiento de diciembre de 2001, cuando un desvío comenzó con la megadevaluación del presidente Duhalde y terminó siendo capitalizado por el kirchnerismo, que incorporó al Estado a gran parte de los movimientos sociales y de derechos humanos. Fue parte de un ciclo posneoliberal que se desarrolló en toda la región, desde Venezuela hasta Argentina.

Si tomamos el período comprendido entre 2008 y hoy, vemos, al calor de las movilizaciones y revueltas, el surgimiento de estos proyectos neoreformistas o “populismos de izquierda” que terminan traicionando las expectativas del movimiento de masas. Surgen procesos cíclicos de movilización e institucionalización, en los que la energía desatada por las revueltas es disipada o asimilada por los poderes establecidos sin dar lugar a nuevas revoluciones.

La particularidad de lo que está sucediendo en Argentina es que tiene como referente una izquierda trotskista. Y esto no surgió de la nada. Hace quince años, la izquierda política creó el Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT-U) en Argentina para superar la etapa de fragmentación que siguió a la caída del Muro de Berlín. El FIT-U es un logro en la medida en que estableció un polo de independencia de clase dentro de la situación nacional después de años marcados por el colapso del partido MAS (Movimiento al Socialismo) en los años 1990.

Lo que está sucediendo hoy es, en cierto sentido, la culminación de un largo proceso. En 2011, el PTS (Partido Socialista de los Trabajadores), el PO (Partido Laborista) y el IS (Izquierda Socialista) formaron el Frente de Izquierda Obrera con un programa que culminó en la lucha por un gobierno de los trabajadores (antes de que el PO aceptara, habíamos formado un frente con el IS y el Nuevo MAS). Nunca antes la izquierda trotskista en Argentina había mantenido una presencia tan continua en la escena política nacional. Pero el ejemplo del Frente de Izquierda de los Trabajadores no puede entenderse sin su correlación con la lucha de clases: por ejemplo, los grandes enfrentamientos en la Carretera Panamericana, con luchas como la de Kraft en 2009 y la de Donnelley y Lear en 2014 bajo gobiernos kirchneristas.

¿Cómo construyeron el PTS y sus dirigentes la presencia política que tienen hoy? ¿Qué elementos destacarías?

Hay tres terrenos que para nosotros están interconectados: la lucha económica, la lucha política y la lucha teórica: los tres niveles propuestos por Engels.

Para empezar, tomemos el momento en que el PTS pasó a liderar el FIT-U. En 2015, después de que el PO se negó a aceptar a Nicolás del Caño como candidato a vicepresidente de Altamira, fuimos a las primarias y del Caño ganó esas elecciones. Esto no se puede entender sin tener en cuenta la enorme participación del PTS en las durísimas luchas de aquella época, en torno a las cuales Del Caño emergió como líder de izquierda. Tampoco se puede entender sin el lanzamiento y desarrollo de La Izquierda Diario como el primer periódico digital de izquierda, aprovechando todas las posibilidades que ofrecían las nuevas tecnologías disponibles en el momento.

En concreto, en 2014 se produjo una ola de conflictos, cuyo emblema era la lucha de Lear, que golpeó el corazón de la alianza entre la burocracia sindical y el gobierno. El conflicto incluyó 21 bloqueos de la Carretera Panamericana, 16 días nacionales de lucha con piquetes en todo el país, cinco casos de represión brutal por parte de la policía, dos semanas de cierre patronal y el gobierno organizando la importación de cableado para romper la huelga. También en 2014, los trabajadores ocuparon y reiniciaron la producción en la imprenta de Donnelley, ahora Madygraf, siguiendo el ejemplo de Zanon. Por eso nos reímos cuando algunos ultraizquierdistas dicen que somos electoralistas…

Al mismo tiempo, en 2014 lanzamos La Izquierda Diariocreando el primer periódico digital de izquierda para tener voz propia en la escena nacional, compitiendo con los medios burgueses. Pero ésta no fue sólo una iniciativa nacional. Lo lanzamos junto con nuestra corriente internacional, hoy Corriente de la Revolución Permanente, Cuarta Internacional. Construimos una red de 14 periódicos en siete idiomas. Lamentablemente, hasta el día de hoy, sigue siendo única entre la izquierda revolucionaria a nivel internacional.

Permítanme dar algunas cifras a nuestros camaradas de La Izquierda Diario me pasó. Hoy en día, sólo LID en Argentina recibe alrededor de 1 millón de páginas vistas y más de 500.000 usuarios únicos por mes. En Instagram, en febrero por ejemplo, alcanzó más de 3 millones de seguidores y logró 27 millones de visualizaciones. En TikTok tiene casi 200.000 seguidores y más de 5 millones de me gusta. En X, casi 100.000 seguidores. También tenemos un programa de radio, El Círculo Rojoconducido por Fernando Rosso en una estación de radio comercial (Radio con Vos), escuchado por miles cada semana. Y durante los últimos dos años hemos construido LID+, con varios programas políticos y culturales semanales, nacionales e internacionales. Solo el canal de YouTube LID+ tuvo 327.000 visitas en febrero de este año.

Pero no es sólo eso. También existen revistas teóricas como Ideas de Izquierdadonde se discuten y debaten todo tipo de cuestiones teóricas, con la contribución de muchos intelectuales más allá del propio PTS, y la revista ideológica juvenil Armas de la Crítica. Está el CEIP León Trotsky, que es un referente de la obra de Trotsky en toda América Latina. Fundamos Ediciones IPS, una editorial con más de 100 títulos, que publica no sólo clásicos marxistas sino también trabajos sobre debates actuales en diversos temas: historia del trabajo, teoría política, ecología, feminismo, economía y filosofía. Uno de los últimos trabajos publicados es el libro de Paula Bach que aborda los principales debates en torno a las nuevas tecnologías.

No quiero extenderme mucho, pero el concepto que quiero resaltar es que para nosotros no se trata sólo de figuras políticas, ni sólo de lucha, ni sólo de agitación política, ni sólo de lucha ideológica, sino de todo junto. Rechazamos el electoralismo, el sindicalismo crudo o la política estudiantil alejada de una perspectiva más amplia. El objetivo es mucho más ambicioso: educar a la vanguardia obrera y juvenil, darle forma a la vanguardia a través del marxismo revolucionario.

Ésta es la gran tarea que afrontamos, con todas las dificultades que implica desde la caída del Muro de Berlín. Para nosotros, es precisamente este trabajo el que ahora empieza a tener cierto éxito y a mostrar resultados. Es extraño que algunos intelectuales o periodistas impresionados por el fenómeno Myriam traten como algo nuevo que la izquierda argentina sea trotskista. Esto no cayó del cielo, pero demuestra la enorme determinación revolucionaria de los trotskistas de no ceder ante todos aquellos que denigraron y aún denigran la tradición leninista de construcción de partidos.

La frase frecuentemente atribuida al gran marxista estadounidense Fredric Jameson –que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo– ha penetrado tan profundamente en las mentes y actitudes de la izquierda que ha liquidado la voluntad de revolucionar la sociedad e incluso de construir un partido revolucionario.

En la discusión sobre cómo aprovechar la nueva situación de la izquierda han participado varios intelectuales y recibimos una carta de compañeros proponiendo “comités de lucha por un gobierno de trabajadores: Myriam Bregman para presidenta”. En su discurso del Primero de Mayo, Myriam propuso crear comités en todo el país para organizar el apoyo que estamos recibiendo. Según lo que dijo allí Myriam, ¿cómo se imagina usted concretamente estos comités? ¿Qué tipo de actividad deberían desarrollar?

Les diré cómo los imagino, pero lo que realmente lleguen a ser estos comités dependerá de los compañeros que se unan a ellos, de las propuestas que traigan, de si logramos atraer a mucha gente, de las ideas que aporten y de la síntesis que logremos lograr. Lo que les puedo dar, por supuesto, es una versión parcial, la mía y la del PTS. Es una respuesta inicial, pero luego hay que ver qué discusiones surgen. La síntesis de lo que finalmente hagamos surgirá de ese intercambio con quienes integran las comisiones.

Creo que es muy importante que varios intelectuales de izquierda, ante esta nueva situación, se hayan propuesto colaborar activamente en la construcción de algo que haga avanzar a la izquierda. Con muchos de ellos estamos discutiendo juntos la creación de comités. Es un proceso que apenas comienza. Estos son los primeros pasos. Se abre un apasionante período de debate para ver qué tipo de síntesis podemos lograr.

Volviendo a la pregunta: la situación de pasividad promovida por el peronismo, la burocracia sindical, la burocracia estudiantil en las universidades, etc., es gravísima. Milei está decayendo, pero cada día sigue pasando a la ofensiva. Tomemos como ejemplo la cuestión universitaria, donde el gobierno no sólo se da el lujo de negarse a cumplir la ley sino, peor aún, anuncia nuevos recortes. Ante esto, las distintas burocracias no organizan asambleas ni alientan la organización sino que cada cierto tiempo realizan marchas pacíficas y ordenadas. Mientras tanto, los docentes ya han perdido casi el 40 por ciento de sus salarios. Ése es el legado de pasividad fortalecido por el kirchnerismo y, sobre todo, por la experiencia del gobierno de Alberto Fernández.

Es por eso que nuestra discusión con cada camarada que se une a un comité tiene que comenzar ahí: explicando el papel de los partidos y organizaciones que han estado traicionando a la gente, y argumentando que debemos construir organizaciones capaces de transformar el escepticismo y la desmoralización creados por las burocracias en nuestras propias instituciones capaces de promover acciones directas para detener a Milei.

Los comités que proponemos no tienen nada que ver con reuniones destinadas a esperar las elecciones de 2027. Si la gente confía en Myriam Bregman, en Nicolás del Caño, en la izquierda, y se une a los comités, entonces nuestra tarea es persuadirlos para que creen organizaciones de lucha que enloquezcan al gobierno e impidan que las burocracias sindicales o estudiantiles traicionen las luchas como lo están haciendo ahora: organizaciones que les hacen la vida imposible a los traidores que apoyan los planes de ataque de la derecha.

O nos convertimos en un fermento para crear confianza y desarrollar la movilización contra los ataques permanentes del gobierno, o ni siquiera estaremos a la altura de la posición actual de la izquierda. Si prevalece el pacifismo sin acción, o acciones que no cambian nada, entonces incluso electoralmente podría avanzar el “mal menor”, ​​representado por cualquiera que prometa destituir a Milei.

Esto no significa caer en el sectarismo, sino todo lo contrario. Tenemos que aprovechar la nueva situación e integrar a muchos camaradas que están entusiasmados con la posición actual de la izquierda, aunque al principio piensen en su apoyo en términos puramente electorales. Tenemos que ser pacientes con ellos, pero sin abandonar nuestra línea política. Los comités deben ser cualquier cosa menos reuniones dedicadas meramente a la propaganda. Deben tomar decisiones concretas para la acción.

Y donde no hay luchas abiertas, tenemos que pensar mucho sobre qué tipo de actividad puede inspirar a más camaradas, qué actividad puede politizar a la gente, promover la organización y movilizarla. No necesariamente tienen que ser luchas en sentido estricto. Pueden implicar discusiones ideológicas o actividades sociales.

¿Cómo se relaciona la perspectiva de los comités con la propuesta de un partido de la nueva clase obrera?

Creemos que una parte importante de la actividad de los comités debería ser la discusión del programa y la estrategia. Vamos a publicar un manifiesto en el que desarrollamos algunos ejes que consideramos fundamentales para discutir un programa y una estrategia capaz de hacer avanzar la causa de la clase trabajadora. Además de la acción, los comités deben dedicar tiempo a debatir un programa que responda a las necesidades de la clase trabajadora, contra la dictadura de las grandes empresas y la derecha.

Junto a los comités, dentro del PTS hemos comenzado a discutir propuestas concretas de espacios de elaboración programática y estratégica a los que queremos invitar a compañeros que quieran colaborar, comenzando por los intelectuales que ya participan en la discusión sobre cómo aprovechar la posición actual de la izquierda en la situación nacional.

A través de toda esta discusión programática y estratégica, y a través de la experiencia compartida que desarrollemos en los comités, veremos hasta qué punto convergemos en un partido común. Para nosotros, esta sería la relación entre la propuesta de comités y la propuesta de un partido de la nueva clase obrera. El desarrollo de los comités, su ampliación y la práctica compartida en la lucha de clases, además de la elaboración programática, plantearán los próximos pasos.

En el discurso de Myriam también propuso otra forma de aprovechar el fenómeno, ligada a promover diferentes niveles de frentes únicos. ¿Podría dar más detalles sobre esto y explicar cómo se conecta con la propuesta de comités?

Por supuesto. La clave, si hacemos todo lo que describí anteriormente con los comités, es canalizarlo hacia frentes únicos capaces de romper la pasividad de las organizaciones burocráticas. Ésa es la verdadera prueba para un comité: si sirve para promover luchas concretas y hacer avanzar el frente único. En este sentido, efectivamente existen diferentes niveles.

Un punto de partida es que la vanguardia de la clase obrera necesita sus propios centros de gravedad, sus bastiones, lugares donde la acumulación militante y la organización de vanguardia hagan posible influir verdaderamente en el equilibrio de fuerzas dentro de las luchas políticas y sociales. El ejemplo histórico clásico es la fábrica Putilov en la Revolución Rusa, la mayor concentración de trabajadores metalúrgicos en Petrogrado, que se convirtió en un bastión del Partido Bolchevique y resultó decisiva para la victoria de la Revolución de Octubre en 1917.

Teniendo en cuenta todas las diferencias, sin este tipo de centros de gravedad (entre profesores, trabajadores de la salud, sectores industriales, universidades) no hay manera de intervenir en la lucha de clases más allá de la propaganda. Por eso damos tanta importancia a la construcción de bastiones y decimos que los comités deberían prestar especial atención al fortalecimiento de estos lugares.

Un segundo nivel involucra instituciones de frente único: comités de lucha, coordinadoras regionales, asambleas de activistas autoorganizadas, mesas de coordinación con organizaciones sindicales, estudiantiles, feministas, ambientalistas, de derechos de las personas con discapacidad, barriales, etc. Es decir, organizaciones que articulan constantemente sectores en lucha y organizaciones políticas de la clase trabajadora.

Aquí nos inspiramos en la idea de Trotsky de “comités de acción”: instituciones de unificación y coordinación capaces de impedir que la energía desatada por el movimiento se disipe en batallas aisladas y discontinuas, y que sirvan como palanca para hacer estallar la estructura burocrática que pesa sobre los movimientos obreros y de masas. En otras palabras, no se trata sólo de “luchar juntos”, sino también de establecer organizaciones permanentes que eviten la burocracia.

En este nivel también hay frentes antiburocráticos, como la coalición Multicolor, que permitió a la izquierda ganar SUTEBA Matanza. [a teachers' union] y mantener posiciones claves en las ciudades de Tigre y Bahía, aun cuando incluya acuerdos con tendencias más conciliadoras como Azul y Blanca en Matanza. Hay una gran lucha en marcha para recuperar los sindicatos, ya sea desde dentro, como lo hemos estado haciendo entre los docentes, o mediante huelgas desde fuera, donde eso no es posible. Tenemos que revolucionar los sindicatos para que dejen de ser cascarones vacíos para administrar los fondos de salud. También hay que recuperar los centros de estudiantes para que dejen de funcionar como estructuras de servicios de apoyo a los decanos de las universidades.

Un tercer nivel está utilizando todo esto para luchar eficazmente para imponer el frente único de los trabajadores a los principales sindicatos, o hacerles pagar el costo político total de su complicidad con el gobierno. Ésta es propiamente la táctica resumida por la Tercera Internacional en la fórmula “marchar por separado, atacar juntos”.

Pero imponer el frente único requiere fuerzas. Por eso los tres niveles que mencioné están completamente interconectados. Los bastiones son el punto de partida para concentrar fuerzas. Las coordinaciones y comités de acción sirven para articular la fuerza de la vanguardia y los sectores más activos de las masas, y esta fuerza se convierte en la palanca para imponer el frente único en cada lucha importante, como la lucha contra la reforma laboral, donde a pesar de todo lo que hicimos aún nos faltaba fuerza para imponer un frente único capaz de derrotarla.

Sin ese vínculo, el actual fenómeno de simpatía hacia nosotros quedará atrapado en el electoralismo. Pero con esa articulación podemos transformarla en una palanca que permita a la izquierda desempeñar un papel cualitativamente diferente en la lucha de clases.

En una entrevista que le hizo hace unos meses a Fernando Rosso, planteó el problema de “crear comunidad”. ¿Qué significa eso y por qué cree que es un tema tan importante hoy en día?

En la época de Trotsky, los revolucionarios tuvieron que disputar los espacios de socialización que ya existían dentro de la propia clase trabajadora (sindicatos, espacios culturales, etc.) que en la mayoría de los casos estaban dominados por la burocracia sindical y los aparatos socialdemócratas y estalinistas, expresiones de la ideología burguesa dentro del proletariado.

Hoy podríamos decir que estamos un paso más atrás. Las organizaciones de trabajadores y estudiantes han quedado vaciadas como instituciones de socialización. Esos espacios han sido reemplazados por redes sociales, plataformas de streaming, etc., en relación con los cuales la clase trabajadora está atomizada y colocada, como un conjunto de individuos aislados, bajo la influencia constante de la ideología de las clases dominantes. Al mismo tiempo, el capitalismo ha arraigado la idea de la realización individual a través del consumo. Hoy, sin embargo, el ideal consumista –a diferencia de lo que podría haber existido durante la era fordista– se ha vuelto prácticamente inalcanzable para la mayoría.

Ante esta situación planteamos la necesidad de “crear comunidad” a partir del enorme poder de la cooperación como fuerza distintiva de la clase trabajadora, que hace mover el mundo pero es expropiada por el capital. “Crear comunidad” abarca desde desarrollar espacios de sociabilidad hasta construir toda forma de solidaridad contra la atomización del proletariado, promovida tanto por la ideología burguesa como por la propia burocracia sindical.

Cuando digo “comunidades”, también me refiero a forjar centros de gravedad para la lucha de clases, uniendo bastiones que reúnan a maestros, trabajadores industriales, estudiantes, etc. Si no libramos esta batalla a nivel de base, la izquierda tendrá raíces muy superficiales. Es parte del desarrollo de una cultura crítica contra el orden burgués.

Cuando defendemos la promoción de órganos de coordinación, asambleas de base e instituciones de autoorganización, también estamos pensando en esto: lugares donde diferentes sectores de la clase trabajadora, la juventud, el movimiento estudiantil, el movimiento feminista, los intelectuales, etc., puedan unirse desde abajo.

El peronismo nunca les dirá que la autoorganización es necesaria, o que esta autoorganización surge de la cooperación que ya existe en los lugares de trabajo pero que ha sido expropiada por el capital, y que esta cooperación debe convertirse en una cooperación consciente para que la clase trabajadora pueda tomar los principales problemas del país en sus propias manos. Esto es lo que Marx quiso decir cuando dijo que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los propios trabajadores. Si no procedemos de esta manera, la izquierda no se convertirá en un fenómeno orgánico sino puramente coyuntural.

¿Qué papel juega el FIT-U en todo esto?

En primer lugar, siempre hemos sido impulsores del FIT-U y lo consideramos, como dije antes, un logro político decisivo en la medida en que permitió a la izquierda superar la etapa de fragmentación en la que había quedado atrapada como consecuencia de las derrotas acumuladas, y terminó constituyendo un espacio de política de izquierda combativa en Argentina.

Hoy, el panorama político está compuesto por la derecha, con la extrema derecha de Milei y el macrismo, y el peronismo. Ya no existe una centroizquierda del viejo tipo FREPASO. Contra todo pronóstico, lo que ha surgido es algo que nadie esperaba: un claro sector de la izquierda combativa. En ese sentido, vemos muy positivamente el desarrollo del FIT-U.

Desde el punto de vista electoral, tenemos que considerar cómo integrar a los compañeros que están de acuerdo con el programa para garantizar que no quede en un dominio cerrado de los cuatro partidos que lo componen, siempre que haya un acuerdo programático.

Nuestra posición, sin embargo, es que el FIT-U, como coalición de organizaciones que llevan a cabo agitación y propaganda en torno a un programa combativo y socialista, fue y sigue siendo muy positivo, pero no es suficiente. No podemos estar satisfechos con una coalición de cuatro grupos relativamente pequeños que a menudo no están de acuerdo incluso en la lucha de clases y que llevan a cabo agitación electoral una vez cada dos años.

Nuestro punto central es que la nueva posición de la izquierda plantea la necesidad de avanzar hacia un partido revolucionario de vanguardia (dando saltos cualitativos en ese terreno) y de promover la lucha de clases. Y esa es también nuestra propuesta al FIT-U.

Algunos compañeros dentro del FIT-U proponen como horizonte realizar un congreso del frente. Para nosotros, eso equivaldría a hacer tiempo en el mismo lugar. O transformamos la simpatía por nuestras figuras principales en organización –como hemos argumentado a lo largo de esta entrevista– o no alcanzaremos el nivel requerido para que la izquierda combativa influya decisivamente en la realidad.

Por otro lado, nunca se nos ocurriría concebir la construcción de un partido revolucionario en Argentina separadamente de un partido internacional. Este es un debate muy importante dentro del FIT-U, que también incluye diferencias significativas, por ejemplo sobre la guerra en Ucrania, sobre la cual hemos discutido públicamente en repetidas ocasiones.

Dentro de las discusiones sobre cómo aprovechar la posición actual de la izquierda, se ha debatido la hipótesis de que varios partidos revolucionarios podrían liderar simultáneamente una revolución. ¿Qué dirías sobre eso?

Salvador Dalí dijo una vez que era monárquico porque la monarquía era el único régimen que resolvía el problema de la sucesión. Parafraseando a Dalí un poco en broma, podríamos decir que hasta el día de hoy no ha surgido ninguna organización capaz de cumplir el papel de un partido de vanguardia que dirige los procesos revolucionarios: un partido que organiza a los sectores más perceptivos e inteligentes de la clase trabajadora y aspira a liderar a millones.

Como señaló Nahuel Moreno, en el siglo XX, más allá de la experiencia rusa de un partido leninista gobernado por el centralismo democrático, también vimos otras organizaciones del tipo “partido-ejército”, organizaciones burocráticas que lideraron procesos revolucionarios, como en China o Vietnam, pero lo que nunca hemos visto en ninguna parte es la resolución de las inmensas tareas que implica tomar el poder y organizar el poder revolucionario sin alguna forma de centralización, burocrática o democrática.

Por supuesto, defendemos la centralización democrática. No hay revoluciones victoriosas que hayan expropiado a la burguesía sin partido, simplemente porque el problema no se puede resolver de otra manera. El aparato burgués está centralizado, y si no tienes una organización centralizada frente a él, te aplasta. Ésa es la cuestión material en juego.

La Revolución Rusa estuvo dirigida por el Partido Bolchevique, que era precisamente la organización capaz de atraer a grupos como la Organización Interdistrital de Trotsky y otras fracciones revolucionarias. Aquí debemos distinguir entre dos niveles para evitar confusiones.

Defendemos la democracia multipartidista dentro de las instituciones de democracia obrera, como los soviets o los consejos en el marco de una transición revolucionaria. Apoyamos el multipartidismo porque reconocemos que hay fracciones de clase que el partido de vanguardia de la clase trabajadora no refleja; por ejemplo, los socialistas revolucionarios de izquierda, con quienes los bolcheviques formaron una alianza que luego se rompió después de que asesinaron al embajador alemán.

Lo que no creemos, sin embargo, es que haya algo que justifique la fragmentación de la vanguardia obrera en lugar de forjar un gran partido. Aquí me refiero a la conclusión a la que llegó Trotsky en la teoría de la revolución permanente: que la realización de la alianza revolucionaria sólo es concebible bajo la dirección política de la vanguardia proletaria organizada en un partido revolucionario.

Proponemos un movimiento para un partido de la nueva clase trabajadora. Cuando hablamos de un partido de la clase trabajadora, nos referimos a un partido que refleja los intereses históricos de la clase trabajadora, no uno que pretende representar sociológicamente a la clase en su conjunto, eso sería una completa ficción. Como dijo Trotsky, las clases son heterogéneas. Están formadas por diferentes capas, algunas mirando hacia adelante y otras hacia atrás. Por eso, para nosotros, la discusión del programa que tendría tal partido es crucial.

Estamos proponiendo el programa FIT-U como punto de partida para el debate: un programa de independencia de clase que plantea la lucha por un gobierno de los trabajadores. Dentro de ese movimiento por un partido de la nueva clase trabajadora, luchamos para que el partido que surja se convierta verdaderamente en el partido de la vanguardia de la clase trabajadora, comprometiéndose con la clase trabajadora tal como existe hoy y buscando influirla, comprometiéndose con diferentes sectores a través de instituciones de autoorganización, en la lucha por recuperar los sindicatos, promoviendo el frente único y luchando en perspectiva por instituciones de Democracia obrera como soviets o consejos. Un partido que participa, organiza, influye y busca liderar el conjunto.

¿Hay algo más que te gustaría agregar?

Veremos en las próximas semanas y meses si podemos incorporar a muchos de los simpatizantes de Myriam a los comités que, como dije, estamos discutiendo poner en marcha desde el principio junto con muchos camaradas, intelectuales, figuras culturales, etc.

La cuestión es si podemos abrir una nueva situación para la izquierda, no sólo electoralmente sino para que la izquierda sea decisiva en la propia lucha de clases. Como dije antes, estos son algunos de mis propios puntos de vista y el producto de una discusión inicial que hemos sostenido dentro del PTS. La forma final que adopte todo esto dependerá en gran medida de los debates que tengamos, de las ideas aportadas por los compañeros que se sumen a los comités y de las síntesis que podamos alcanzar.

Nuestro objetivo es dar a estos comités –más allá del ámbito electoral, que por supuesto será una tarea importante– un contenido revolucionario integral. Creo que se está abriendo un debate apasionante sobre cómo aprovechar la situación actual para ganar una influencia decisiva, superar al peronismo y su política de colaboración de clases y abrir una perspectiva revolucionaria.

Este artículo fue publicado originalmente en español el 17 de mayo en Ideas de Izquierda.