Argentina registró el nivel más bajo de inversión extranjera directa entre las economías más grandes de América Latina en 2025. Foto de archivo de David Fernández/EPA
28 de mayo (UPI) — Argentina registró el nivel más bajo de inversión extranjera directa entre las economías más grandes de América Latina en 2025, lo que subraya la lucha actual del país para atraer capital a pesar de los incentivos promovidos por el gobierno del presidente Javier Milei.
Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Argentina recibió 3.134 millones de dólares en inversión extranjera directa, ubicándose en el último lugar entre las economías regionales incluidas en el informe.
La inversión extranjera directa se considera un motor clave del desarrollo económico porque proporciona financiación externa, apoya la creación de empleo y promueve la transferencia de tecnología y el crecimiento de la productividad. También puede fortalecer la balanza de pagos de un país y ayudar a modernizar industrias estratégicas a través de proyectos productivos a largo plazo.
En comparación, Brasil atrajo 76.877 millones de dólares en inversión extranjera directa, México recibió 40.871 millones de dólares, Chile atrajo 13.152 millones de dólares, Colombia recibió 11.462 millones de dólares y Costa Rica atrajo 5.733 millones de dólares.
Varios medios argentinos, incluido el diario Clarín, informaron que las cifras de la OCDE causaron malestar dentro del gobierno.
El ministro de Economía, Luis Caputo, rechazó esa interpretación.
“No genera ningún malestar. De hecho, es el resultado más lógico después de tantos años de populismo”, escribió Caputo en X. “La inversión extranjera directa normalmente requiere muchos años de estabilidad económica y política para ser atraída”.
Caputo también destacó los proyectos anunciados desde que Milei asumió el cargo.
“El milagro es que en sólo dos años y medio hay 140.000 millones de dólares en diversos proyectos que se invertirán en los próximos años”, afirmó. “Estas inversiones cambiarán permanentemente la matriz productiva de Argentina”.
Las cifras surgen en momentos en que el gobierno busca atraer inversiones a gran escala a través del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones, conocido por su sigla en español RIGI. Esta semana, la administración envió al Congreso un proyecto de ley denominado “Super RIGI”, que ampliaría los beneficios fiscales y cambiarios para nuevas industrias.
A pesar de esos incentivos, algunos analistas dicen que los resultados siguen siendo limitados. Un informe del grupo de expertos argentino Misión Productiva, citado por el medio de noticias Infobae, dijo que los datos de la OCDE sugieren que los proyectos vinculados principalmente a la minería, el petróleo y la energía no han desencadenado una ola más amplia de entradas de capital extranjero.
“No es posible sostener una estrategia de desarrollo basada en grandes proyectos extractivos”, afirmó la organización. “La capacidad de atraer inversiones también depende de factores como el dinamismo del mercado interno, el acceso al crédito, la estabilidad macroeconómica, las infraestructuras y las perspectivas de crecimiento en sectores como la manufactura, la construcción y las pequeñas y medianas empresas”.
El informe dice que varios factores ayudan a explicar el débil desempeño de la inversión en Argentina, incluidos proyectos de infraestructura pública estancados, crédito productivo limitado, incertidumbre macroeconómica, un tipo de cambio no competitivo y la fragilidad de las pequeñas y medianas empresas.
Misión Productiva advirtió que el desafío de Argentina será expandir la inversión más allá de los grandes proyectos de recursos naturales y reconstruir las condiciones para un crecimiento productivo más diversificado.
Mientras tanto, el gobierno sigue adelante con la iniciativa propuesta “Super RIGI”. El proyecto de ley profundizaría los incentivos aduaneros, fiscales y cambiarios existentes, apuntando a sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores, la biotecnología avanzada y la infraestructura tecnológica.
A diferencia del actual marco RIGI, que establece umbrales mínimos de inversión entre 200 y 600 millones de dólares según el sector, la nueva propuesta establecería una inversión mínima única de 1.000 millones de dólares.
Las empresas que deseen participar también deberán comprometer al menos el 20% de la inversión total dentro de los primeros dos años después de unirse al programa. La propuesta también incluye una reducción del tipo del impuesto sobre la renta empresarial del 25% al 15% como incentivo para la inversión a gran escala.






