Una buena ola puede parecer algo singular. El oleaje llega, el arrecife o el banco de arena hace su trabajo y, de repente, aparece una pared de agua frente a ti. Pero esa ola en realidad no existe de forma aislada. El arrecife, la playa, el río, los sedimentos, el corredor de oleaje en alta mar, la calidad del agua, el hábitat circundante e incluso las comunidades construidas alrededor de la rompiente juegan un papel importante. Cambie una parte de la ecuación y, en algunos casos, podrá cambiar la onda misma.
Ésa es la idea detrás de un nuevo documento de la Coalición Save The Waves titulado “El ecosistema de surf como marco emergente para la gestión de recursos costeros y marinos”. El documento define formalmente el concepto de “ecosistema de surf” y establece un marco sobre cómo se puede utilizar para gestionar y proteger los recursos costeros.
El director ejecutivo de Save The Waves, Nik Strong-Cvetich, junto con los coautores Diego A. Sancho-Gallegos, Mara Arroyo, Cliff Kapono y Dan R. Reineman, sostienen que proteger las olas individuales no es suficiente. En cambio, la conservación debe considerar los sistemas físicos, ecológicos y sociales interconectados que hacen posible el surf. Aquí hay cinco conclusiones clave:
1. Una escapada para surfear es más que una simple ola
Ésta es la premisa básica del artículo. Los autores definen un ecosistema de surf como un sistema socioecológico interconectado en el que los componentes geofísicos, ecológicos y sociales interactúan para dar forma a la ola rompiente y la experiencia de montarla. Es un bocado, pero entiendes la idea.
Piensa en un pointbreak clásico. La ola depende del oleaje que llega desde alta mar, la forma de la costa, la batimetría submarina, las corrientes, los sedimentos y el viento. Pero también hay un componente ecológico, así como las personas y comunidades que utilizan y dependen del lugar.
El artículo sostiene que es necesario considerar todas esas piezas cuando hablamos de conservación. Esto también significa que lo que amenaza con una ola no necesariamente tiene que estar directamente en la playa. El desarrollo marino, la ingeniería costera o los cambios en los flujos de sedimentos pueden afectar potencialmente las condiciones que permiten que exista una zona de surf en primer lugar. Si realmente queremos proteger las olas, debemos empezar a pensar más allá de la alineación.
2. Proteger las olas también puede significar proteger la biodiversidad
Uno de los aspectos más interesantes del concepto de ecosistema de surf es la superposición entre la conservación del surf y la conservación ambiental más amplia. Las zonas de surf a menudo están conectadas con hábitats marinos y costeros de importancia ecológica. El documento señala investigaciones que muestran que el 46 por ciento de casi 4.000 lugares para surfear estudiados están ubicados dentro o dentro de cinco kilómetros de Áreas Clave para la Biodiversidad, mientras que al menos el 63 por ciento no se encuentran actualmente dentro de áreas protegidas.
Eso crea una oportunidad. Proteger los sistemas físicos y ecológicos alrededor de una zona de surf puede generar beneficios que van mucho más allá del surf. Los arrecifes, humedales, bosques, estuarios y otros hábitats costeros saludables pueden sustentar la biodiversidad, almacenar carbono, influir en el movimiento de sedimentos y contribuir a la resiliencia costera.
Por lo tanto, el documento posiciona las olas para surfear como puertas de entrada potenciales a esfuerzos de conservación más amplios, no como competidores de ellas. Salvar una ola puede significar salvar mucho más que la ola.
3. El surf tiene un valor económico y cultural real
También hay un lado humano en la ecuación. Los lugares para surfear no son simplemente características naturales. Son lugares donde las personas construyen comunidades, negocios y culturas. El documento señala que el creciente reconocimiento del valor social, cultural y económico del surf ya está ayudando a impulsar los esfuerzos para proteger las zonas de surf en todo el mundo.
Esto es importante porque las decisiones de conservación a menudo se toman sopesando intereses económicos en competencia. Una propuesta de desarrollo costero podría enmarcarse en términos de empleo, turismo o infraestructura. Pero ¿qué sucede cuando la ola misma es un activo económico?
El turismo de surf sustenta a hoteles, restaurantes, tiendas de surf, guías, instructores y un sinfín de negocios más. Más allá del dinero, los lugares para surfear también pueden tener un profundo valor cultural, recreativo y comunitario. Los autores sostienen que estas dimensiones sociales pertenecen dentro de la definición del ecosistema, no fuera de él. Una escapada para surfear no es sólo un hábitat. Para muchas comunidades, es parte de la economía y la identidad locales.
4. No todos los ecosistemas de surf son iguales
El artículo también intenta categorizar los diferentes tipos de entornos que producen olas. Los autores identifican seis tipos de ecosistemas de surf:
- Arrecifes de coral
- arrecifes rocosos
- Promontorios y puntos
- escapadas a la playa
- desembocaduras de ríos
- Estructuras artificiales
Los diferentes tipos de ondas tienen diferentes vulnerabilidades. La desembocadura de un río puede verse fuertemente influenciada por lo que sucede río arriba. Una ruptura en la playa puede depender del sedimento que se mueve a lo largo de la costa. La configuración de un arrecife de coral está íntimamente relacionada con la salud del arrecife mismo.
Una estructura artificial introduce un conjunto de preguntas completamente diferente sobre ingeniería, mantenimiento e impactos ecológicos. Al establecer estas categorías, los autores esperan brindar a los conservacionistas y administradores costeros un marco común para identificar qué hace que un ecosistema de surf en particular funcione y qué podría amenazarlo. Proteger una playa no es necesariamente lo mismo que proteger un arrecife.
5. Salvar las olas puede significar mirar desde las montañas hacia el océano
Quizás la idea más importante del artículo es que la conservación del oleaje no siempre puede ocurrir en la zona de rompiente. Los autores proponen observar los ecosistemas de surf en múltiples escalas de gestión, incluidas las cuencas hidrográficas y los entornos regionales, cercanos a la costa/locales, marinos cercanos a la costa y en alta mar. Consideremos la desembocadura de un río. La lluvia cae en las montañas. El agua y los sedimentos viajan río abajo. Un río entrega ese material a la costa. Las corrientes mueven sedimentos a lo largo de la costa. Se forma un banco de arena. El oleaje marino viaja hacia la costa e interactúa con esa estructura submarina.
Por lo tanto, la ola que surfea un surfista puede depender de procesos que ocurren a millas, o incluso cientos de millas, de distancia. Eso complica la conservación del ecosistema de surf. Diferentes partes del sistema pueden caer bajo la jurisdicción de diferentes agencias, gobiernos o comunidades. Los autores señalan los sistemas de gestión indígenas tradicionales, incluido el ahupuaÊ»a hawaiano, como ejemplos de enfoques que desde hace mucho tiempo reconocen la naturaleza interconectada de los recursos terrestres, de agua dulce y oceánicos.
El desafío ahora es descubrir cómo incorporar ese pensamiento holístico a la gestión costera moderna. A veces proteger una ola significa proteger la cuenca que la alimenta.
El panorama más amplio
Save The Waves lleva años utilizando el término “ecosistema de surf”. Lo que es diferente de este artículo es que intenta definir formalmente el concepto y proporcionar un marco que otros investigadores, conservacionistas, gobiernos y comunidades de surf puedan utilizar.
Ese es un paso importante. Los surfistas siempre han sabido que algo más grande está sucediendo cuando reman. Un arrecife, una playa, un río, un oleaje en alta mar y una comunidad se unen para crear ese momento fugaz en el que se levanta una ola. Ahora hay un esfuerzo creciente por darle un lenguaje científico y político. Y si la idea se pone de moda, la definición de “proteger una zona de surf” podría hacerse mucho más amplia. Porque a veces salvar la ola significa salvar todo lo que hace posible la ola.





