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La Escuela Británica del Emotionalismo y Metamodernismo

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En la última década, han surgido algunas composiciones que se destacan claramente de lo anterior. A diferencia de la música impregnada de grandes ambiciones o distancia irónica, siguen caminos propios y novedosos. Son emotivas y sutilmente inquietantes al encarnar conscientemente seriedad sin renunciar por completo a la ironía. Documentales, autobiográficos, juguetones y autorreflexivos, en resumen, metamodernismo musical.

Al menos, este es uno de los términos que intentan definir esta nueva estética que se ha vuelto omnipresente en las artes, desde el cine y la danza hasta la música pop y la composición contemporánea. Es un paradigma expresivo que responde a la era postfactual de crisis ecológicas, financieras, tecnológicas y militares con el predominio de la experiencia sentida, oscilando incesantemente entre la alta y la cultura cotidiana, la melancolía y la juguetonería, la ironía y la seriedad. La cuestión de la nomenclatura es importante, ya que el metamodernismo, cuyo nombre lleva el prefijo griego “meta” (después, más allá), se entiende como epílogo al posmodernismo. Este “meta” también recuerda a “Metaxie”, una idea platónica de la suspensión entre polos, en constante movimiento.

Algunos pensadores, como Jürgen Habermas o Peter Osborne, probablemente mirarían el metamodernismo con un escepticismo similar al del posmodernismo, al considerarlo simplemente una extensión del proyecto más amplio de la modernidad. Otros ven en él una nueva teoría del conocimiento cultural. Sin embargo, las discusiones sobre esta forma de pensar están muy vivas en las artes visuales, la literatura, el teatro, el cine, la teoría crítica y la filosofía. En la cultura pop, películas como “The Grand Budapest Hotel”, “Everything Everywhere All at Once” y el fenómeno Barbenheimer, que combina el kitsch sentimental de Barbie con la sofisticación intelectual de Oppenheimer, han sido analizadas desde una perspectiva metamodernista. No obstante, estos debates son escasos en la musicología y la investigación del sonido.

Mis propias contribuciones a este tema han abordado principalmente la música británica, el campo en el que me desenvuelvo y conozco mejor. En 2023, delineé en un texto titulado “British School of Emotionalism” el desarrollo de nuevas sensibilidades en una nueva generación de compositores: Oliver Leith, Robin Haigh y Alex Paxton. Me centré en cómo su música aborda la masculinidad postpatriarcal, revive el espíritu romántico y combina la vulnerabilidad emocional con melodías diatónicas e idiomas de la música pop.

En 2024, amplié el término a “British School of Emotionalism y Metamodernism” para dar cuenta de este interés investigativo y, al mismo tiempo, crear un marco más académico. El título también refleja el espíritu con el que me acerco a este tema, mitad en broma, mitad en serio, una mezcla de ingenuidad y conciencia, y nunca fue concebido como una definición de una escuela claramente identificable, dado que las sensibilidades metamodernas, que reaccionan al mundo del “capitalismo demasiado tarde”, actúan más allá de fronteras y continentes.