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El estado actual

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El estado está de vuelta, o tal vez nunca se fue. La crisis financiera de 2008 cuestionó decisivamente la tesis de que el mercado estaba desplazando al estado, escriben los editores de Fronesis (Suecia). Crisis posteriores, desde la pandemia hasta conflictos geopolíticos y política industrial, han acelerado su regreso.

Sin embargo, este número de Fronesis se preocupa más por qué tipo de estado está emergiendo. Según los editores, “el debate político hoy parece estar cada vez menos preocupado por la elección entre soluciones públicas y privadas; en cambio, las líneas de fractura parecen atravesar el propio estado”.

Las epígrafes contrastantes del número encapsulan esta tensión. Hannah Arendt presenta la autoridad como una forma de obediencia compatible con la libertad, mientras que Friedrich Nietzsche rastrea los orígenes del estado a la dominación y conquista.

En lugar de resolver esta oposición, los colaboradores exploran desde múltiples ángulos. El número aborda preguntas de legibilidad, gestión de la población y gobierno reproductivo, así como debates más amplios sobre capitalismo, neoliberalismo y poder estatal. En todo momento, el estado emerge “no como una solución en sí misma, sino como una concentración de las contradicciones y posibilidades del presente”.

Ruptura

Durante la crisis financiera global de 2008 y sus consecuencias, muchos estados intervinieron para estabilizar los sistemas financieros, estimular la demanda y asegurar el financiamiento corporativo. Vanja Carlsson se pregunta si este resurgimiento de la intervención estatal marca el principio del fin del neoliberalismo o simplemente su última mutación.

Para responder a esta pregunta, Carlsson compara dos corrientes de pensamiento. La primera argumenta que el neoliberalismo sigue muy vivo, adaptándose a realidades políticas y económicas cambiantes. El estado puede estar de vuelta, pero continúa sirviendo a objetivos neoliberales centrados en la competitividad y la rentabilidad.

La teoría de la regulación ofrece un diagnóstico diferente. Según esta visión, el neoliberalismo ha entrado en una crisis estructural. En lugar de adaptarse a nuevas condiciones, el modo de regulación neoliberal podría estar cediendo paso a algo fundamentalmente diferente. Esta no es una mutación, sino una auténtica ruptura histórica.

Carlsson cuestiona qué contar como prueba de que el capitalismo de estado ha reemplazado efectivamente al neoliberalismo, cuando no tenemos una definición clara de este último. Esto finalmente abre una pregunta conceptual más amplia: “La cuestión no es solo cómo se deben clasificar las intervenciones estatales, sino también cómo determinar cuándo una forma histórica de capitalismo está en crisis, está siendo transformada o está siendo reemplazada por algo nuevo.”

Contado

Suecia, que tiene el sistema de registro de población más antiguo del mundo, sirve como caso paradigmático en el artículo de Andreas Asplúnd Lundstedt sobre la historia de los censos y el registro de población.

Vistos como tecnologías de gobierno que permiten el bienestar y la exclusión, el reconocimiento y el control, estos sistemas revelan la naturaleza profundamente política de contar personas. Desde el censo más antiguo conocido, que data de alrededor del 3800 a.C. en el Imperio Sumerio, “el conteo de personas ha estado íntimamente ligado a la centralización del poder”.

Lundstedt presta especial atención al surgimiento del número de identidad personal en Suecia y las tensiones que generó. Visto en algunos países como excesivamente intrusivo, estos identificadores únicos acompañan a las personas “desde la cuna hasta la tumba” y permiten integrar información de múltiples registros administrativos.

En una era de tecnología de reconocimiento facial y la expansión de la vigilancia digital, el caso sueco plantea una pregunta más amplia: ¿cuánta privacidad se debe sacrificar en aras de la legibilidad y eficiencia administrativa?

Haciendo un censo no solo documenta la realidad; también contribuye a darle forma. “La legibilidad no es simplemente una capacidad para describir la población; también amplía los horizontes de la imaginación burocrática y política”. La estimación de la población de Suecia en 1747 es un buen ejemplo: la cifra sorprendió a los responsables políticos al quedar muy por debajo de las expectativas y contribuyó directamente a la creación de nuevas instituciones administrativas e intervenciones demográficas.

Procreación

A medida que disminuyen las tasas de natalidad, muchos estados han vuelto a un viejo patrón en el que la procreación se ve menos como una elección personal que como una responsabilidad colectiva, incluso un deber. El lenguaje de “equilibrio demográfico”, “tasas de dependencia” y “fuerza laboral futura” enmarcan cada vez más la reproducción como una solución a problemas sociales y económicos, en lugar de ser una decisión profundamente privada.

Evelina Johansson Wilén examina cómo la parentalidad está siendo repolitizada desde todos los lados. Mientras los natalistas presentan la procreación como una necesidad social, los antinatalistas cada vez más enmarcan la no procreación como un imperativo ético. Ambos corren el riesgo de reducir la reproducción a un instrumento para lograr objetivos políticos más amplios. La parentalidad, argumenta Johansson Wilén, sigue siendo un “salto existencial”: un compromiso irreversible con un futuro incierto que no se puede justificar únicamente a través de razones demográficas, económicas o ecológicas.

Ese salto se vuelve aún más desafiante cuando las familias cada vez más se espera que asuman responsabilidades que alguna vez fueron respaldadas por instituciones de bienestar colectivas. Al mismo tiempo, los temores asociados con la llamada Teoría del Gran Reemplazo impulsan políticas que restringen los derechos reproductivos para algunos grupos, mientras fomentan la reproducción en otros en nombre de preservar una “mayoría demográfica blanca”.

Anarquismo

En su viaje intelectual sinuoso, desde sus primeros estudios de sociedades campesinas en el sudeste asiático hasta obras fundamentales como Armas de los débiles y Ver como Estado, James C. Scott desarrolló una singular perspectiva anarquista sobre la artesanía estatal. Su atención a las “pequeñas armas de la lucha de clases” -rumores, retrasos, deserciones, pequeños robos y sabotajes- revela la resistencia cotidiana oculta bajo la aparente conformidad, escribe Mikael Omstedt.

Este “guiño anarquista”, como lo llamó Scott, “desnaturaliza de manera útil nuestro presente centrado en el estado”. Pero la lente finalmente reproduce una oposición liberal entre estado y sociedad, argumenta Omstedt, abandonando el estado como un terreno de lucha y proyectando consistentemente antagonismos sociales y aspiraciones emancipatorias en un “reino puro más allá del estado”.