Un análisis profundo de sus políticas de Paz Total, la Ley 2272 y el plan de reforma de Cepeda.
La búsqueda de un fin a más de seis décadas de conflicto armado interno en Colombia cambió en agosto de 2022. Al asumir el cargo como el primer presidente de izquierda del país, Gustavo Petro propuso un cambio drástico alejándose de las estrategias tradicionales de seguridad de sus predecesores.
Mientras que administraciones anteriores dependían en gran medida de la disuasión militar y un enfoque ofensivo conocido como “Seguridad Democrática”, la nueva administración introdujo el concepto de “Seguridad Humana”. Este marco plantea que la violencia no puede ser erradicada permanentemente solo a través de medios militares.
En cambio, argumenta que la paz estable estable solo se puede lograr desmantelando la desigualdad estructural, implementando una reforma agraria integral y proporcionando inversión económica directa respaldada por el estado en comunidades rurales históricamente excluidas.
Este análisis exhaustivo ofrece una evaluación detallada del proceso de paz bajo la administración de Gustavo Petro, siguiendo el impacto real de sus políticas de “Paz Total”. Además, examinamos las propuestas estratégicas del candidato presidencial Iván Cepeda, delineando su plan para evolucionar el panorama de seguridad y justicia social de Colombia.
El Marco Legal de la Ley de Paz Total 2272
Para proporcionar una base legal sólida para este cambio de paradigma ambicioso, el Congreso Colombiano aprobó, y el presidente Petro sancionó, la Ley 2272 a fines de 2022, ampliamente conocida como la Ley de Paz Total. Esta estatua modificó y extendió la Ley 418 (1997), una herramienta legal histórica utilizada por gobiernos anteriores para manejar el orden público, elevando efectivamente la búsqueda de la paz en una política oficial y vinculante del estado colombiano.
La innovación principal de la Ley 2272 fue el establecimiento de una metodología formal de doble vía gestionada bajo la supervisión del Alto Comisionado para la Paz. Este mecanismo permitió al estado interactuar con diferentes tipos de actores armados simultáneamente, evitando el error histórico de negociar solo con una facción mientras que otras expandían sus operaciones en el país.
La primera vía de la Ley de Paz Total gobierna las negociaciones políticas. Este camino está reservado estrictamente para grupos insurgentes organizados que poseen un estatus político reconocido, una estructura de mando definida y raíces ideológicas históricas, como el ELN y la facción disidente de las FARC conocida como la Segunda Marquetalia.
Las negociaciones en este camino tienen como objetivo llegar a acuerdos políticos, sociales y económicos integrales que puedan llevar a reformas institucionales. La segunda vía establece un marco socio-judicial para la sometimiento a la justicia, formalmente denominado “acogimiento”. Este camino está diseñado específicamente para redes criminales de alto impacto y carteles neo-paramilitares, especialmente el Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), también conocido como Clan del Golfo.
Bajo este camino, el gobierno no otorga estatus político ni negocia políticas estatales; en cambio, ofrece reducciones penales estructuradas e incentivos legales estrictamente a cambio del desmantelamiento verificable de estructuras criminales, la entrega de activos ilícitos y la interrupción permanente de rutas de tráfico internacional.
Más allá de regular las negociaciones con actores armados, la Ley de Paz Total introdujo hitos sociales significativos destinados a transformar las condiciones socioeconómicas de la juventud colombiana. Una disposición clave de la ley creó el Servicio Social Alternativo por la Paz.
Esta iniciativa permite a jóvenes ciudadanos, especialmente aquellos en municipios rurales vulnerables, cumplir sus deberes cívicos constitucionales participando en programas de protección ambiental, alfabetización comunitaria y desarrollo rural en lugar de someterse al reclutamiento militar obligatorio.
Alta Diplomacia y Realidades Territoriales
La vía diplomática que involucra al Ejército de Liberación Nacional (ELN) representó un componente históricamente significativo pero altamente volátil de la política de Paz Total. Las conversaciones bilaterales lograron inicialmente hitos sin precedentes, incluyendo un alto el fuego continuo histórico de un año que trajo una reducción temporal en los enfrentamientos entre el grupo guerrillero y las fuerzas armadas estatales.
Además, la administración estableció con éxito el Comité Nacional de Participación. Este mecanismo fue diseñado para integrar directamente organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y comunidades rurales marginadas en la mesa de paz, asegurando que las negociaciones abordaran problemas estructurales sistémicos en lugar de funcionar solo como un acuerdo entre dos élites armadas.
A pesar de estos primeros avances diplomáticos, las profundas realidades territoriales y los desacuerdos estructurales paralizaron gradualmente el diálogo, culminando en una suspensión total de las conversaciones formales por parte del gobierno. Un catalizador principal de esta ruptura ocurrió cuando el ELN inició una ofensiva violenta en la estratégica región de Catatumbo en el departamento de Norte de Santander, con el objetivo de consolidar el control sobre las redes de contrabando y los territorios productores de coca.
Según datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), esta escalada y los enfrentamientos subsiguientes con grupos rivales desencadenaron el desplazamiento forzado y confinamiento de más de 64,000 civiles.
Además, un ataque letal del ELN con explosivos contra una base militar en Arauca, que resultó en tres militares muertos y más de 25 heridos, obligó a la administración Petro a suspender formalmente el proceso de negociación debido a la aparente falta de voluntad política genuina del grupo y su persistente dependencia de secuestros y extorsiones.
Aplicar Paz Total a facciones disidentes de las FARC reveló una profunda fragmentación interna y guerra territorial. El grupo paraguas más grande, la Estado Mayor Central (EMC), se dividió por completo sobre los diálogos con el estado.
El gobierno suspendió permanentemente los ceses al fuego con la facción más radical bajo el alias de ‘Iván Mordisco’ después de que sus frentes lanzaron ataques violentos contra comunidades indígenas en Cauca. Por el contrario, las negociaciones continuaron con la facción disidente liderada por el alias de ‘Calarcú Cordoba.’
Sin embargo, los analistas señalan que sus frentes a menudo utilizaron los cese al fuego para expandir el control territorial. Esta estrategia frágil colapsó en una guerra directa entre los dos rivales disidentes, culminando en un enfrentamiento el 27 de mayo de 2026, en Guaviare, que dejó al menos 50 guerrilleros muertos. Estas realidades violentas resaltan la extrema dificultad de implementar pactos de paz locales mientras facciones armadas no mapeadas luchan por el dominio sobre economías ilícitas.
El Diseño de Iván Cepeda para Profundizar la Reforma
A medida que se acerca la elección presidencial de 2026, el futuro de la Paz Total depende significativamente de la plataforma del senador Iván Cepeda Castro. Elegido como candidato presidencial para la coalición de Pacto Histórico de izquierda después de ganar el 65% de los votos en la primaria del partido, Cepeda es reconocido como el principal arquitecto intelectual de las políticas de paz de la administración Petro.
En su programa oficial de campaña, titulado “Tres Revoluciones y Más Inversión Social”, Cepeda aborda los límites estructurales encontrados durante el mandato de Petro proponiendo un cambio en cómo el estado maneja la seguridad, alejándose de métricas militares tradicionales hacia un modelo centrado en la lucha contra la corrupción y la soberanía territorial.
La plataforma de Cepeda establece una clara distinción entre los combatientes de base en zonas rurales y las redes financieras de cuello blanco que sostienen la guerra interna. Una propuesta central de su programa es la creación de un Sistema Nacional Integral Contra la Macrocorrupción.
En sus discursos de campaña en departamentos afectados por conflictos como Cauca y Nariño, Cepeda ha argumentado consistentemente que desmantelar las estructuras bancarias urbanas que procesan los beneficios del narcotráfico es mucho más efectivo para debilitar las redes armadas ilegales que participar en interminables enfrentamientos rurales contra reclutas de bajo nivel.
Además, el marco de Cepeda propone una expansión de la infraestructura rural y las protecciones ambientales para eliminar la necesidad económica de las economías ilícitas. Su plataforma trata el acceso al agua potable y la distribución de tierras como prioridades críticas de seguridad nacional, planificando integrar directamente la conservación del agua en una Revolución Agraria más amplia.
Además, Cepeda aboga por que las consultas populares sean legalmente vinculantes en todas las iniciativas mineras y energéticas a gran escala, asegurando que las poblaciones locales mantengan poder de veto sobre proyectos corporativos extractivos que amenazan sus suministros de agua comunitaria y estabilidad ambiental.
Un Balance Integral del Intento Progresista de Paz
La evaluación de la estrategia de paz de Petro destaca una profunda tensión entre el cambio estructural y la inseguridad rural inmediata. Los opositores se centran en las tasas continuas de extorsión y conflicto territorial, argumentando que los ceses al fuego tempranos dieron demasiado margen de maniobra a las facciones criminales para expandirse.
Sin embargo, los partidarios señalan logros tangibles y centrados en el ser humano. Al enfocarse en el abandono estatal histórico, la administración utilizó el ARN para rehabilitar más de 116 kilómetros de carreteras rurales esenciales, debilitando directamente el control económico de las redes locales de drogas.
Petro deja un precedente claro que vincula la seguridad nacional con la reforma agraria y la infraestructura. A medida que concluye el ciclo electoral actual, Colombia enfrenta una bifurcación fundamental en el camino: regresar a modelos de seguridad militar tradicionales o seguir la transformación estructural compleja de sus territorios afectados por conflictos.







